¿Qué pasó realmente en la cena más incómoda de Poniente?
Si eres de los que, como nosotros en Tantita Tinta, no puede despegarse de la pantalla cada que sale un nuevo episodio de La Casa del Dragón, seguramente todavía tienes en la cabeza esa escena de la cena. Sí, esa donde la tensión se podía cortar con un cuchillo y la incomodidad alcanzó niveles que ni el mejor drama de sobremesa lograría. Pues resulta que, para sorpresa de todos, ese momento tan perturbador fue, en gran parte, fruto de la improvisación.
Alys Rivers, interpretada por la brillante Gayle Rankin, se ha convertido en el alma —y el dolor de cabeza— de Harrenhal. Desde su llegada, esta hechicera ha demostrado que sus planes van mucho más allá de lo que vemos a simple vista. Pero es en el séptimo episodio de la tercera temporada donde la relación con el príncipe Aemond Targaryen da un giro que nos dejó a todos con el ojo cuadrado.
Un vínculo nacido del trauma
Tras pasar tanto tiempo aislados en Harrenhal, la dinámica entre Aemond y Alys ha mutado en algo difícil de clasificar. Gayle Rankin ha sido clara al respecto: no se trata de una simple manipulación. Según la actriz, el aislamiento ha forjado lo que ella llama un “vínculo traumático real”. Y es que, cuando te encierras con alguien que tiene visiones y poder, la línea entre la cordura y la locura empieza a desdibujarse muy rápido.
Pero hablemos de lo que realmente nos incomodó: el momento en que Aemond toma la mano de Alys y de Alicent al mismo tiempo. Ese gesto, que se siente como un puñetazo al estómago por lo inquietante que resulta, no estaba en el libreto original. Fue una elección de Ewan Mitchell (Aemond) que dejó a todo el set en shock.
“Ewan decidió hacerlo ese día”, reveló Rankin en una entrevista reciente. “Nosotras solo reaccionamos pensando: eres un enfermo, un chico realmente enfermo. Fue muy divertido porque todos queríamos que la escena se sintiera así: rara, espeluznante y fuera de lugar”.
Más allá de la magia: huevos y poder
No podemos ignorar la aparición de los huevos de dragón. Para Alys Rivers, estos objetos no son solo reliquias de la dinastía Targaryen; son metáforas puras de fertilidad y poder. Rankin sugiere que su personaje está lista para romper las reglas tradicionales de Westeros, usando estos elementos de una forma que ni nosotros, ni los personajes, vemos venir.
Además, la dinámica con Alicent está más fracturada que nunca. Después de que la madre intentara acabar con la vida de su propio hijo, la relación entre los tres personajes ha entrado en una fase de intimidad tóxica. ¿Qué esperar de aquí en adelante? La actriz nos advierte: algo se está cocinando en Alys, y está a punto de descontrolarse.
El factor Alys Rivers
Para nosotros en Tantita Tinta, la gran pregunta sigue siendo: ¿es Alys una maestra titiritera o simplemente una mujer que sabe fluir con el caos? Lo que es un hecho es que Gayle Rankin ha logrado que un personaje secundario se robe cada escena en la que aparece, transformando la atmósfera de la serie con solo una mirada.
La tercera temporada nos ha dejado claro que, en el juego por el Trono de Hierro, la verdadera magia no siempre viene del fuego, sino de las mentes que saben cómo jugar con la psicología de los demás. Estaremos muy pendientes de qué otras sorpresas nos prepara esta mancuerna de Aemond y Alys, porque si algo hemos aprendido, es que cuando ellos están juntos, nada bueno puede pasar.
Fuente: Espinof