La indignación se apodera de Chiapas tras denuncias de tortura escolar
En Tantita Tinta siempre hemos defendido el derecho a una educación digna y libre de violencia, pero lo que sucede en la Escuela Normal Rural Mactumactzá, en Tuxtla Gutiérrez, nos ha dejado verdaderamente consternados. Recientemente, un grupo de padres y madres de familia se presentó ante el Palacio de Gobierno de Chiapas para exigir un alto definitivo a las prácticas de abuso que, bajo el disfraz de ‘cursos de inducción’, han dejado una huella profunda en los estudiantes de nuevo ingreso.
¿Tradición o tortura?
Lo que debería ser una bienvenida académica se transformó, según los testimonios, en un infierno de 15 días. Bajo la excusa de promover la convivencia y restringir el uso del celular para fomentar la interacción, los alumnos fueron sometidos a una serie de actividades que poco tienen que ver con la pedagogía y todo que ver con la humillación.
José Núñez, uno de los padres que alzó la voz, compartió un relato desgarrador sobre cómo su hija de 18 años fue víctima de maltratos físicos y psicológicos. La situación llegó a un punto tan crítico que la joven terminó siendo abandonada en el centro de la capital chiapaneca, necesitando asistencia de desconocidos y, posteriormente, atención médica hospitalaria.
Las denuncias son claras y graves:
- Condiciones extremas: Actividades físicas agotadoras sin la hidratación necesaria.
- Atentado contra la salud: Casos documentados de desmayos por deshidratación.
- Trato inhumano: Restricciones humillantes, incluso para estudiantes durante su periodo menstrual.
La deuda histórica con los estudiantes
Para nosotros en Tantita Tinta, es imperativo recordar que este no es un caso aislado. Ya en 2018, las autoridades estatales hicieron un llamado urgente a las 22 escuelas normales rurales de la entidad para erradicar estas prácticas después de que un estudiante perdiera la vida en este mismo plantel. Sin embargo, parece que la lección no ha sido aprendida por quienes dirigen estas dinámicas.
Los padres de familia no piden imposibles; exigen seguridad, respeto a los derechos humanos y, en muchos casos, la reubicación de sus hijos en planteles donde puedan terminar su formación académica sin poner en riesgo su integridad física o mental. Actualmente, el caso se encuentra en manos de la Secretaría de Gobierno de Chiapas, y la expectativa por ver cambios reales es altísima.
¿Qué sigue ahora?
La presión social es clave. Mientras muchos otros estudiantes callan por miedo a represalias, la denuncia colectiva ha puesto el reflector sobre una cultura de ‘novatadas’ que, en pleno siglo XXI, no tiene cabida en ninguna institución educativa de México. Esperamos que este sea el punto de inflexión para que las autoridades dejen de mirar hacia otro lado y garanticen que ninguna madre o padre vuelva a sentir el terror de no saber en qué condiciones se encuentra su hijo tras haberlo enviado a estudiar.
Estaremos al tanto del seguimiento a este caso. La educación debe ser el camino hacia el crecimiento, nunca hacia el trauma.
Fuente: Sopitas Deporte