¿Alguna vez te imaginaste que lavar los platos te haría ganar unos cuantos pesos mientras enseñas a un humanoide a hacer lo mismo?
En Tantita Tinta nos encanta explorar cómo la tecnología se cuela hasta en los rincones más privados de nuestra casa. Hoy el tema no es el último smartphone, sino algo mucho más curioso: convertirte en un ‘entrenador’ de robots. La idea parece sacada de una película de ciencia ficción, pero es una realidad que ya está tocando la puerta en muchas partes del mundo.
La premisa es sencilla pero reveladora: para que los robots del mañana dejen de ser simples máquinas torpes y puedan convivir con nosotros, necesitan aprender motricidad fina. ¿Cómo lo logran? A través de miles de horas de video en primera persona —lo que en la industria llaman ‘datos egocéntricos’— donde humanos como tú y como yo nos grabamos realizando tareas cotidianas: cocinar, doblar ropa, sacar la basura o servir un vaso de agua.
El negocio de los ‘datos egocéntricos’
Empresas tecnológicas están pagando (a veces centavos, a veces un poco más) a usuarios para que se pongan una cámara en la frente o el pecho y capturen cada uno de sus movimientos. La lógica es clara: entre más específico sea el clip, mejor aprenderá la IA. Es decir, no solo quieren ver cómo lavas los platos, quieren ver cómo tus manos sostienen la esponja sin tirar una sola gota de agua.
Plataformas como Kled, Luel y Waffle Video han surgido como intermediarios. Mientras que en países como la India los trabajadores han encontrado en esto una fuente de ingresos constante (ganando alrededor de 2,500 pesos mensuales por estas tareas), en Estados Unidos la tendencia está explotando, con aplicaciones independientes buscando convertir la “realidad” en un insumo para el entrenamiento de máquinas.
Nuestra experiencia en el mundo de la IA
Para entender qué tan redituable es esto, nos pusimos el soporte en la cabeza y nos lanzamos a la aventura. El resultado fue, cuando menos, sorprendente. Mientras que en algunas plataformas el proceso es tedioso y los pagos mínimos —terminamos ganando apenas unos 20 pesos tras mucho esfuerzo—, en otras, como Waffle Video, encontramos un modelo más estructurado que ofrece hasta 500 pesos por hora de video grabado bajo directrices muy estrictas.
- El reto: Mantener la cámara estable y asegurar que las manos sean visibles casi todo el tiempo.
- El beneficio: Admitámoslo, nuestro apartamento nunca había estado tan impecable.
- La realidad: No vas a pagar la renta de un depa en la Condesa o San Francisco con esto. Es un ingreso extra que, de momento, suena más a distopía laboral que a una carrera profesional.
¿Un futuro donde todos somos maestros de robots?
A pesar de que las empresas aseguran que esto es una relación ‘simbiótica’, no podemos evitar preguntarnos por las consecuencias. ¿Estamos entrenando a la tecnología para que nos reemplace? Los fundadores de estas plataformas son conscientes del miedo al desempleo, pero defienden que esto es solo una forma de trabajo por encargo que, en casos muy específicos, podría permitir a expertos (como chefs de sushi o artesanos) monetizar su destreza técnica de una manera completamente nueva.
En Tantita Tinta creemos que este es apenas el inicio de una conversación necesaria sobre la ética en la recolección de datos y el valor de nuestro trabajo diario en la era de los humanoides. Por ahora, nos quedamos con el consuelo de que, si algún día un robot viene a echarnos una mano con los quehaceres, al menos sabrá perfectamente cómo nos gusta dejar la cocina.
Fuente: WIRED en Español