El gran teatro de la inteligencia artificial
En el equipo de Tantita Tinta sabemos que el mundillo tecnológico ama un buen drama. Cada semana, las noticias nos saturan con titulares alarmantes: renuncias de ingenieros con crisis existenciales, discusiones sobre si un modelo resolvió un problema matemático de 20 millones de pesos (equivalente a un millón de dólares), y debates sobre si la superinteligencia está a diez minutos de borrarnos del mapa. Sin embargo, para mentes brillantes como la investigadora Timnit Gebru, todo este alboroto no es más que una gigantesca cortina de humo.
Si echamos la vista atrás, la salida de Gebru de Google en 2020 tras señalar los sesgos peligrosos en la tecnología ya nos advertía sobre las prioridades reales del sector. Ahora, con su nuevo libro Deep Unlearning a la vuelta de la esquina, la experta destapa la olla podrida de cómo las grandes empresas manejan una narrativa apocalíptica que, más allá de asustarnos, les resulta increíblemente conveniente para desviar la atención de sus chanchullos diarios.
¿Problemas matemáticos o campaña de relaciones públicas?
Recientemente, el mundo tech se alborotó por cómo una IA supuestamente descifró un complejo reto matemático, un logro que OpenAI presumió a los cuatro vientos como la prueba reina de que estamos ante una entidad casi divina. Para Gebru, esto no es más que una estrategia de marketing muy bien armada.
Para nosotros en Tantita Tinta es evidente que eligen campos como la programación o el ajedrez porque son metas fáciles de empaquetar en un comunicado de prensa. Las grandes corporaciones buscan decir: “Miren, desciframos la inteligencia”. Mientras tanto, el mundo político reacciona con leyes apresuradas basadas en publicidad y no en la opinión de verdaderos matemáticos o científicos.
Las verdaderas amenazas que la tecnología busca esconder
Mientras los líderes de la industria se rasgan las vestiduras imaginando un futuro donde una computadora malvada esclavice a la humanidad, hay problemas reales golpeando nuestra puerta todos los días. Entre las principales distracciones de esta narrativa del “dios-máquina”, Gebru destaca:
- Armas autónomas: Máquinas de guerra reales y letales que ya se están utilizando en conflictos bélicos alrededor del planeta.
- Crisis climática: El impacto ambiental descomunal que requiere el funcionamiento de estos centros de datos gigantescos.
- Despidos masivos: Los altos mandos utilizando el pretexto de la automatización para recortar personal y ahorrarse una buena lana en la chamba.
Como bien apunta la investigadora, cuando estás tan desconectado de la realidad como para no preocuparte por la violencia, la pobreza o las inundaciones, te puedes dar el lujo de inventar escenarios de ciencia ficción sobre una superinteligencia rebelde. La próxima vez que escuches que la IA va a acabar con la civilización en la siguiente década, recuerda mirar con lupa: a lo mejor solo están intentando tapar el sol con un dedo.
Fuente: WIRED en Español