El regreso triunfal de un maestro del cine
En Tantita Tinta siempre decimos que, por más que intentemos intelectualizar el séptimo arte o queramos darnos aires de críticos expertos, al final del día lo que manda es lo que sentimos en la panza. Esa magia que ocurre cuando las luces se apagan, la pantalla se ilumina y, por un par de horas, el mundo real simplemente deja de importar. Lograr eso no es cualquier cosa; es un don que muy pocos poseen, y Steven Spielberg, después de casi sesenta años de trayectoria, nos demuestra con El día de la revelación que sigue siendo el Rey Midas de Hollywood.
Un viaje al espacio con sello Spielberg
Si eres fan de la ciencia ficción, esta cinta te va a encantar. Spielberg retoma su fascinación por el espacio y esa pregunta que nos quita el sueño: ¿estamos solos en el universo? Con El día de la revelación, el director nos entrega una mezcla explosiva que se siente como un homenaje a sus inicios, pero con un ritmo modernizado y ágil. Es, en esencia, una pieza que dialoga directamente con Encuentros en la tercera fase, pero diseñada para el espectador actual que no tiene tiempo que perder.
La historia, escrita por David Koepp, nos mete en un thriller con toques setenteros, acción de alto octanaje y momentos de comedia que aterrizan muy bien. Eso sí, para disfrutarla al máximo, hay que dejar la lógica de lado y permitirnos esa ‘suspensión de la incredulidad’. Si intentas buscarle la cuadratura al círculo en cada decisión de los personajes, te vas a perder la magia.
La puesta en escena: una clase maestra
En Tantita Tinta creemos que nadie en el negocio sabe mover la cámara como el buen Spielberg. La forma en que utiliza los planos, cómo desplaza a los actores dentro del cuadro y la precisión quirúrgica de sus composiciones es, sencillamente, descomunal. En esta cinta, los movimientos de cámara son tan fluidos que te sientes dentro de la acción; cuando hay drama, te llega a las fibras más sensibles, y cuando hay caos, sientes la adrenalina correr.
El reparto es otro de los pilares que sostiene esta producción. Tenemos a un Colin Firth y a un Josh O’Connor muy metidos en su papel, pero quien realmente se roba el show es Emily Blunt. Su actuación es de esas que deberían estar en la conversación de los próximos premios de la Academia. Si te preguntas cuánto costaría una experiencia así, bueno, considera que la producción se siente de cientos de millones de pesos, pero lo que recibes a cambio es un espectáculo visual que vale cada centavo de tu boleto.
¿Vale la pena ir al cine?
Definitivamente, sí. Durante 145 minutos, Spielberg te toma de la mano y te lleva a otro plano. ¿Tiene sus detallitos? Claro, como cualquier obra, hay un par de momentos donde la espiritualidad y la fe se tocan de forma un poco insistente, pero son pecados menores que se perdonan ante la magnitud de la narración.
- Actuación estelar: Emily Blunt en su mejor momento.
- Ritmo: Dinámico, ideal para no despegar los ojos de la pantalla.
- Veredicto: Una carta de amor al cine que nos recuerda por qué nos enamoramos de la pantalla grande.
Así que, ya sabes: prepara las palomitas y deja que el cine haga su trabajo. Si buscas una experiencia que te transporte lejos de la rutina, esta es tu mejor opción.
Fuente: Espinof