Sin luz y sin respuestas: La lucha de dos abuelas cubanas por encontrar a sus desaparecidos en México

La carrera contra el apagón por un hijo desaparecido

Lázara Fernández Sosa tiene una voz que te hace sentir en casa, de esas que parecen de abuela, aunque el contexto sea cualquier cosa menos cálido. En la Cuba de 2026, hablar por teléfono es un acto de fe. “A ver si la corriente nos da tiempo”, me suelta por WhatsApp apenas empezamos a platicar. En La Habana, las 9:00 am marcan el inicio de un maratón: hay que cocinar, gestionar el agua y cargar todo lo posible antes de que el apagón —que dura hasta 20 horas diarias— vuelva a dejar todo en penumbras.

Para Lázara, sin embargo, el drama de la falta de luz pasa a segundo plano cuando el tema es su nieto, Samei Reyes Álvarez. El chico, de apenas 15 años, desapareció en San José El Hueyate, Chiapas, junto a su madre, Meiling, el 21 de diciembre de 2024. Desde entonces, el teléfono móvil de Lázara es su única arma y su mayor fuente de ansiedad.

El muro invisible de la tecnología

En Tantita Tinta nos hemos puesto a analizar lo que significa buscar a un ser querido cuando la infraestructura de un país se desmorona. Para estas familias, la conectividad no es un lujo, es una urgencia vital. Sin embargo, en Cuba, la realidad energética es un campo minado. Los cortes de luz no solo apagan focos; matan la señal. Cuando las torres de telefonía se quedan sin batería, la red colapsa, dejando a madres y abuelas como Julia Margarita Bravo, la mamá de Meiling, en un aislamiento aterrador.

El costo de intentar estar “conectadas” es otra batalla. Margarita y Lázara llegan a gastar hasta 3,000 pesos cubanos mensuales —casi el equivalente al salario mínimo oficial de 3,210 pesos— solo para mantener sus datos móviles. Entre recargas internacionales y el mercado informal de saldo, la búsqueda de la verdad tiene un precio que muchas veces parece impagable.

La red que sostiene lo que el Estado no puede

No están solas. Ambas forman parte de la Red Regional de Familias Migrantes (RRFM), un grupo donde madres de distintos países han encontrado en Facebook y WhatsApp el único lugar donde su dolor es escuchado. Como bien señala la doctora Loraine Morales, investigadora experta en migración, cuando el Estado no da resultados —y con más de 135,000 personas desaparecidas en México, es claro que el sistema está rebasado—, la responsabilidad cae sobre los hombros de las familias.

Son estas mujeres quienes, con mucha resiliencia, han hecho el trabajo sucio: revisar hospitales, albergues y centros de detención en México, poniendo en riesgo su integridad en un entorno donde el crimen organizado se ha vuelto experto en invisibilizar a quienes transitan por el país.

Más allá de las fronteras y los apagones

En mayo de 2026, Lázara y Julia Margarita lograron pisar suelo mexicano gracias a visas humanitarias. Recorrieron kilómetros, pegaron carteles con los rostros de sus seres queridos y entregaron muestras de ADN. Se fueron a casa sin respuestas, pero con la determinación intacta. La situación actual en la frontera, con políticas migratorias cada vez más duras, solo ha empujado a más migrantes a rutas peligrosas donde la desaparición es una moneda de cambio frecuente.

“Siento que mi nieto está vivo. Mi corazón me dice que está vivo, y eso me da mucha fuerza”, confiesa Lázara. En Tantita Tinta reconocemos que, aunque la tecnología falle y los gobiernos guarden silencio, hay una fuerza inquebrantable en estas mujeres que, a pesar de los apagones, se niegan a que la historia de sus familiares se borre en la oscuridad.

Fuente: WIRED en Español


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