¿La nueva ley seca se quedó solo en papel?
Si caminaste recientemente por el Paseo de la Reforma, probablemente te diste cuenta de que el ambiente estaba mucho más animado de lo habitual, y no precisamente por la arquitectura o los monumentos. En Tantita Tinta estuvimos observando de cerca lo que parece ser una tendencia imparable: la proliferación de puestos semifijos que ignoran olímpicamente las restricciones y se dedican a vender cervezas y preparados con alcohol a plena luz del día.
Aunque las autoridades suelen implementar operativos para mantener el orden en la vía pública, la realidad que se vive en la avenida más emblemática de la capital nos cuenta otra historia. Entre el ir y venir de los turistas y la gente que sale de la chamba, decenas de puestos han convertido la banqueta en una sucursal improvisada de fiesta al aire libre.
El negocio de las banquetas: ¿Qué está pasando realmente?
Para quienes nos preguntan en Tantita Tinta qué hay detrás de este fenómeno, la respuesta es compleja. No es solo un tema de falta de permisos, sino una demanda constante del consumidor. Por precios que rondan desde los 50 hasta los 120 pesos mexicanos —dependiendo si pides una caguama fría o un preparado cargado con gomitas y chamoy—, la tentación de refrescarse en la calle es grande.
- Falta de supervisión: La presencia de puestos semifijos operando sin restricciones evidentes pone sobre la mesa la eficacia de los operativos actuales.
- Impacto urbano: La acumulación de desechos y la obstrucción del paso peatonal son las consecuencias directas que afectan la calidad de vida de quienes transitan por la zona.
- El tema de la seguridad: Consumir alcohol en vía pública, además de estar prohibido, suele ser el preludio de otros líos que complican la seguridad en las zonas de alta afluencia.
Las consecuencias de ignorar las normas
Cuando la venta de alcohol se normaliza en espacios públicos donde debería estar restringida, el problema escala. No hablamos solo de un tema administrativo; hablamos de convivencia ciudadana. En Tantita Tinta hemos analizado cómo este tipo de actividades informales suelen salirse de control, pasando de ser un puesto de micheladas a un foco de desorden que afecta a residentes y visitantes por igual.
La pregunta que nos queda en el tintero es clara: ¿es un problema de falta de personal para supervisar o es que, de plano, la venta de alcohol en Reforma ya se volvió un negocio tan lucrativo que es imposible de contener? Mientras las autoridades deciden qué estrategia seguir, la realidad es que el paseo favorito de los capitalinos se ha transformado en una fiesta interminable.
Nos mantendremos al tanto de cómo evoluciona esta situación, esperando que el espacio público pueda recuperar su propósito original sin dejar de lado la chispa y el buen ambiente que caracteriza a nuestra querida CDMX.
Fuente: El Universal