Un conflicto que no cede: La lucha por la Bahía de Ohuira
En Tantita Tinta sabemos que cuando una comunidad se organiza, el eco llega hasta los oídos más sordos. Lo que estamos viendo en Sinaloa no es un simple desacuerdo vecinal; es una batalla campal —en términos sociales y legales— contra un megaproyecto que, según los habitantes, amenaza con cambiar para siempre el rostro de la Bahía de Ohuira y Topolobampo.
Desde hace 21 días, el ambiente en esta zona costera está más que cargado. Pescadores, integrantes del pueblo Mayo-Yoreme y activistas del colectivo ¡Aquí No! mantienen un plantón que no da tregua. La razón: la construcción de una planta de amoníaco por parte de la empresa Proman Gas y Petroquímica de Occidente (GPO), un proyecto que, aseguran, pone en riesgo el ecosistema del cual dependen cientos de familias para sobrevivir.
Del plantón a la clausura simbólica
Todo escaló el pasado 15 de junio, cuando la paciencia de los locales llegó a su límite. Ante lo que califican como una falta de atención por parte de la Semarnat y la Profepa, los manifestantes decidieron realizar una clausura simbólica de las instalaciones. Lo que empezó como un grupo frente a la terminal portuaria, hoy se ha movido directamente a las puertas del complejo industrial.
Es importante aclarar que, pese a los rumores que circulaban en redes sociales, los manifestantes han sido enfáticos: su pelea es contra el proyecto y la falta de transparencia, no contra los trabajadores. Melina Sandoval, voz del colectivo, ha sido tajante al respecto: “El enemigo nunca ha sido el trabajador”. Aquí la chamba es pedir que se respete la legalidad ambiental antes de que el daño sea irreversible.
¿Por qué tanto drama con esta planta?
Para quienes no viven en la zona, quizás parezca un conflicto más, pero las cifras y los riesgos son altos. La inversión millonaria detrás de este proyecto —que se estima en cifras que superan los 25 mil millones de pesos mexicanos (MXN)— ha dejado a la comunidad preguntándose si el progreso realmente vale el sacrificio de su entorno. Desde finales de mayo, la llegada de equipo pesado y maquinaria provocó el caos: reportes de cortes en el suministro eléctrico y, sobre todo, una sensación de impotencia al no recibir información clara sobre el impacto real que tendrá la planta en la calidad del agua y la biodiversidad local.
Los pescadores han llevado la protesta hasta el mar, exigiendo desde sus embarcaciones que la construcción se detenga de una vez por todas. La exigencia principal apunta a que las autoridades federales dejen de ignorar el tema y se realicen evaluaciones de impacto ambiental serias y actualizadas.
¿Qué sigue ahora?
La pelota está en la cancha de las autoridades. La Semarnat ha prometido abrir mesas de diálogo, mientras que la Profepa asegura que realizará inspecciones para verificar si la obra está cumpliendo con la normativa. Sin embargo, en el campamento de Ohuira, la desconfianza es la constante.
En Tantita Tinta seguiremos dándole seguimiento a este lío. La pregunta del millón es si el gobierno escuchará finalmente a quienes llevan toda una vida protegiendo la bahía o si, como ha ocurrido en otros casos, el interés industrial pasará por encima de la voz del pueblo. La lucha sigue y, al parecer, apenas estamos viendo el comienzo de una historia que definirá el futuro ambiental de la región.
Fuente: Sopitas Cine y TV