¿La edad es solo un número?
En Tantita Tinta sabemos que el debate sobre quién debe dirigir los destinos de México siempre levanta ámpula. Recientemente, la bancada de Movimiento Ciudadano puso sobre la mesa una iniciativa que promete dar mucho de qué hablar: bajar la edad mínima para contender por la presidencia de la República de los 35 años actuales a tan solo 25.
¿Qué hay detrás de esta propuesta?
La idea, impulsada por la diputada Laura Ballesteros, no busca otra cosa que eliminar lo que consideran una barrera discriminatoria para las juventudes. Actualmente, el artículo 82 de nuestra Constitución —que, dicho sea de paso, no ha tenido cambios significativos en este requisito desde 1917— exige que, al momento de la elección, el aspirante ya haya soplado las 35 velitas de su pastel. Para MC, esto es un anacronismo que no refleja la realidad de un país donde los jóvenes son protagonistas de la agenda social.
El argumento central es que la capacidad de liderazgo, la preparación y la toma de decisiones no dependen exclusivamente de cuántos años llevas habitando este planeta. “La edad, por sí sola, no debería ser una barrera para gobernar”, sostiene Ballesteros, haciendo énfasis en que el juicio de valor debería quedar en manos de los votantes durante las campañas, quienes deben evaluar el perfil completo de los candidatos.
¿Un cambio que se ve en el mundo?
No es la primera vez que se discute la relevancia de abrir espacios. A nivel internacional, ya hay ejemplos que marcan la pauta. En Nicaragua, por ejemplo, la edad mínima para ser mandatario es de 25 años. Colombia marca la línea en los 30, mientras que en Chile, tras una reforma en 2005, se bajó el requisito de 40 a 35 años, lo que permitió que figuras como Gabriel Boric pudieran entrar a la competencia presidencial en su momento.
Más allá del debate político
Para nosotros en Tantita Tinta, este planteamiento abre una caja de Pandora interesante: ¿Estamos listos como sociedad para confiar la silla presidencial a alguien de 25 años? Por un lado, se busca democratizar la participación y dar frescura a las instituciones; por otro, los críticos siempre señalarán la falta de “colmillo” o experiencia necesaria para manejar un presupuesto de miles de millones de pesos o enfrentar crisis de seguridad nacional.
Lo cierto es que, mientras el Congreso analiza si esta modificación es objetiva y proporcional, el tema pone sobre la mesa una pregunta necesaria: ¿Es la Constitución una pieza de museo o un documento vivo que debe adaptarse a las nuevas generaciones de mexicanos?
La pelota está en la cancha de los legisladores, pero el debate real sucederá en las redes sociales y en las calles. ¿Crees que 25 años es una edad adecuada para asumir la responsabilidad más grande del país? La política mexicana se pone intensa y aquí te contaremos cada paso del camino.
Fuente: Sopitas Cine y TV