El lado más íntimo de Christopher Nolan
Desde que Christopher Nolan comenzó la gira de medios para promocionar La Odisea, nos hemos hartado de escuchar siempre lo mismo: que si filmó el 100% en IMAX, que si la elección del casting fue un rompecabezas, o que si la relación con el texto de Homero fue pura cuestión de disciplina. Sí, son datos técnicos que a cualquier cinéfilo le interesan, pero seamos sinceros: después de la décima entrevista, la conversación ya se sentía un poco gastada.
Sin embargo, en Tantita Tinta nos topamos con una joyita de entrevista que ocurrió en China, uno de los mercados más exigentes del mundo. Ahí, Nolan se soltó el chongo en una plática con la filósofa Zhong Shu. Lejos de las preguntas de rutina, esta charla navegó por aguas profundas: la decadencia de nuestra sociedad, la famosa “regla de oro”, y por qué la crítica de sofá a veces no entiende ni papa sobre cómo se construye el lenguaje del cine.
¿Un bardo en tiempos de colapso?
Uno de los puntos más interesantes fue cuando la filósofa cuestionó si Nolan se siente como un bardo moderno retratando una civilización en decadencia. Nolan, siempre analítico, explicó que Homero ya hacía eso en su época: escribía sobre un pasado mítico que su audiencia idealizaba. “Es esa idea del ciclo, de una civilización en el ocaso, lo que me atrapó”, confesó el director. Para él, haber trabajado en Oppenheimer, una película sobre el fin del mundo, dejó una marca indeleble en su visión de La Odisea.
La ‘Xenia’ y la supuesta cristianización
Muchos se han preguntado si Nolan adaptó la historia con una visión cristiana, especialmente por el concepto de expiación. El cineasta aclara que su enfoque principal fue la xenia (el respeto mutuo entre anfitrión y huésped). En el mundo antiguo, esto era ley porque, literalmente, podías tener a un dios disfrazado en tu sala.
Para nosotros en Tantita Tinta, es fascinante ver cómo Nolan conecta estos conceptos antiguos con nuestra realidad. “Ignora la teología y te queda la ‘regla de oro’: trata a los demás como te gustaría que te trataran”. Según el director, vivimos en un mundo donde este respeto es más frágil que nunca, y su película es un espejo de esa fragilidad.
El gran error de la crítica amateur
Otro punto de quiebre fue cuando hablaron de la crítica. Nolan fue contundente: existe una gran diferencia entre la crítica profesional y la amateur. Según el director, el problema de muchos espectadores hoy en día es que creen que, si pueden identificar el “truco” o mecanismo de la película (por ejemplo, el manejo de la empatía), automáticamente la película ya no sirve.
“Es un error fundamental”, dice Nolan. “Identificar el mecanismo no invalida el mecanismo”. El cine es un lenguaje, un código que todos compartimos, y a veces, para innovar, primero tienes que dominar las reglas del juego. Puso como ejemplo su obra Memento: una estructura cronológica loca, pero montada sobre una base de tres actos tan clásica como el libro de texto.
¿Vale la pena el viaje?
Al final, lo que nos queda claro es que Nolan no busca darnos respuestas masticadas. Él mismo admite que el hubris (la arrogancia) de Odiseo es trágico porque, en la vida real, el daño causado no tiene marcha atrás solo con un arrepentimiento interno. Su propuesta nos invita a reflexionar sobre la grandeza, el arrepentimiento y, sobre todo, sobre qué tipo de civilización estamos construyendo hoy, en pleno siglo XXI.
Para los curiosos, si se animan a ver la película —que ya ha movido millones de pesos en taquilla a nivel global—, vayan con la mente abierta. Más que un épico de acción, es un tratado sobre lo que significa ser humano cuando las cosas se ponen feas.
Fuente: Sopitas Cine y TV