¿La Mona Lisa tiene gemela? La historia secreta del cuadro que estuvo oculto por siglos

¿La Mona Lisa tiene gemela? La historia secreta del cuadro que estuvo oculto por siglos

Si alguna vez has tenido la oportunidad de visitar el Museo del Louvre en París, sabes que ver a la Mona Lisa es casi una misión imposible. Entre empujones, teléfonos celulares levantados y mucha gente tratando de capturar el momento, es difícil apreciar la genialidad de Leonardo da Vinci. Pero, ¿y si te dijéramos que en el Museo del Prado, en Madrid, existe una ‘segunda’ Mona Lisa que guarda secretos igual de fascinantes?

En Tantita Tinta nos pusimos la bata de historiadores para desentrañar el misterio de esta obra que, lejos de ser una copia barata, es una ventana directa al taller del mismísimo Da Vinci.

El arte como un trabajo en equipo

Aunque nos encanta imaginar a los grandes maestros trabajando solos en su recámara, la realidad del Renacimiento era otra. Artistas de la talla de David Alfaro Siqueiros (ya en épocas más modernas) o Leonardo da Vinci, trabajaban bajo una dinámica de taller. Los aprendices observaban, aprendían y, muchas veces, replicaban el trabajo del maestro para dominar la técnica. Lo interesante aquí es que muchas de estas piezas no iban firmadas, pero llevaban el sello de calidad del taller principal.

La Gioconda, como también conocemos a la obra, es la pintura más estudiada de la historia. Se dice que comenzó a pintarse en 1503, por encargo del mercader Francesco del Giocondo, quien quería el retrato de su esposa, Lisa Gherardini. Sin embargo, como todo lo que hacía Da Vinci, el proceso estuvo lleno de misticismo, cambios y perfeccionismo técnico.

La Mona Lisa del Prado: ¿Gemela o aprendiz?

Aquí es donde el drama se pone bueno. La obra que habita en Madrid no es una réplica hecha años después para decorar una sala; es la copia más antigua que existe. Lo que más ha dejado a los expertos con la boca abierta es que, tras realizar estudios técnicos, se descubrió que fue pintada al mismo tiempo que la original en el Louvre.

¿Cómo lo saben? Porque esta versión repite exactamente las mismas correcciones, dudas y cambios de posición que Leonardo hizo debajo de las capas de pintura que vemos a simple vista. Es decir, mientras Da Vinci dudaba sobre qué ángulo darle a la mano o qué forma poner en el fondo, alguien estaba sentado justo a su lado, replicando cada movimiento y cada corrección.

  • El misterio del autor: Los expertos apuntan a dos de los pupilos favoritos de Da Vinci: Gian Giacomo Caprotti (mejor conocido como Salaì) o Francesco Melzi.
  • La técnica: Al ser realizada a la par, el manejo de luces y sombras es impresionante, aunque carece de los toques finales que el maestro le dio a su versión original años más tarde.

¿Por qué la del Louvre se quedó con toda la fama?

La historia de la Mona Lisa es, literalmente, de museo. Da Vinci la quería tanto que no se separaba de ella ni para ir a cenar. Cuando se puso bajo la protección de Francisco I de Francia, el cuadro viajó con él. Pasó por manos de la nobleza y fue la joya personal de Napoleón Bonaparte, quien la tenía en sus aposentos antes de que, en 1797, fuera finalmente instalada en el Louvre.

En Tantita Tinta creemos que esta “segunda Mona Lisa” es el mejor recordatorio de que, incluso en el arte, los grandes genios no lo hicieron todo solos. La próxima vez que alguien te diga que solo existe una Gioconda, ya sabes qué responder: el arte, como la buena chamba, es mejor cuando se analiza a fondo.

Fuente: Sopitas Cine y TV


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