Del estadio a la mesa de negociaciones
La resaca mundialista del 2026 no solo nos dejó el trofeo en manos de España, sino también un escenario político digno de película. En Tantita Tinta estuvimos al pendiente de lo que ocurrió en el Estadio Nueva York Nueva Jersey, donde la diplomacia se vistió de gala. Mientras el mundo celebraba el futbol, la presidenta Claudia Sheinbaum, el presidente Donald Trump y el primer ministro canadiense, Mark Carney, compartieron palco y, entre risas y fotos, tuvieron la oportunidad de cruzar palabras clave sobre el futuro comercial de la región.
Pero no nos engañemos, la cortesía diplomática tiene límites. Apenas 19 días después de que Estados Unidos decidiera darle carpetazo a la renovación automática del T-MEC —optando por revisiones anuales en lugar del periodo de 16 años—, la tensión se siente en el aire. Esta semana, del 21 al 24 de julio, Ciudad de México será la sede de la tercera ronda de negociaciones, un momento crucial para definir cómo vamos a jugar de ahora en adelante.
¿Qué es lo que realmente busca Estados Unidos?
Para nosotros en Tantita Tinta, está claro: la administración estadounidense quiere apretar las tuercas. Jamieson Greer, representante comercial de EE. UU., ha sido directo al señalar que las reglas de origen actuales podrían endurecerse no solo para la industria automotriz, sino también para sectores como el farmacéutico y la electrónica.
El argumento de Washington es el clásico: buscan que más piezas y productos se fabriquen en Norteamérica, pero con un énfasis muy marcado en que la producción se concentre en Estados Unidos para proteger su “seguridad nacional”.
- El reto automotriz: Actualmente, el 75% del contenido de un vehículo debe ser regional. Estados Unidos quiere que ese porcentaje sea más estricto para evitar que piezas de Asia “se cuelen” en el tratado.
- El tema del acero y aluminio: México aún lidia con aranceles que llegan al 50% en estos rubros, una losa pesada que nuestro gobierno busca reducir desesperadamente mediante el diálogo.
El peso de la realidad económica
La presidenta Sheinbaum fue clara en su mañanera: “Nosotros también tenemos que cuidar la economía mexicana”. No es un secreto que el déficit comercial es visto por el equipo de Trump como un foco rojo, y la estrategia de relocalizar producción (nearshoring) hacia Norteamérica depende totalmente de qué tan estrictas sean las reglas de origen.
Es un juego de estira y afloja. Si bien México goza de arancel cero en el 85% de sus exportaciones gracias al T-MEC, el endurecimiento de las normas podría complicar el panorama para las empresas que ya operan en nuestro territorio. El embajador Roberto Lazzeri y el canciller Roberto Velasco tienen la chamba pesada esta semana para asegurar que el trato no se convierta en una camisa de fuerza para el desarrollo nacional.
Al final del día, lo que estamos viendo es una reconfiguración de las reglas del juego. La pregunta es: ¿podremos mantener el equilibrio entre ser el socio preferido de Estados Unidos y no ceder terreno en nuestra soberanía económica? Lo sabremos tras las reuniones de esta semana en Palacio Nacional.
Fuente: Bloomberg Tecnologia