El adiós a una era que cambió el futbol para siempre
En Tantita Tinta siempre hemos dicho que hay deportistas que simplemente juegan a la pelota, y luego está Lionel Messi, quien parece tener un pacto secreto con el esférico. La reciente conclusión del Mundial 2026 marca un parteaguas: el último suspiro mundialista de un hombre que, durante dos décadas, nos obligó a levantarnos del sillón para aplaudir.
El pasado 7 de julio, en un duelo de Octavos de Final que nos mantuvo al borde del infarto ante Egipto, vimos el último gol de Messi en una Copa del Mundo. Fue ese zapatazo de zurda, una de esas joyas que parecen desafiar la física, la que terminó incrustándose en las redes de Mostafa Shobeir. Argentina perdía 2-0 y, en un pestañeo, el 10 cambió la narrativa. Esa euforia no fue solo un festejo, fue la despedida de un genio que a sus 39 años ya no tenía nada que demostrar, pero que nos entregó su último destello de magia pura.
De la promesa de 2006 al mito viviente
Si echamos la vista atrás, parece que fue ayer cuando aquel chamaco de 18 años entraba al campo en Alemania 2006 con el dorsal 19. Quién nos iba a decir que ese muchacho tímido se convertiría en el hombre que levantaría la gloria en Qatar 2022. A lo largo de seis Mundiales, Messi vivió de todo: desde la amargura de la final perdida ante Alemania en 2014, hasta la redención definitiva en aquel diciembre inolvidable donde finalmente pudo respirar tranquilo.
Como bien dijo alguna vez el escritor uruguayo Eduardo Galeano, Messi es el único capaz de hacernos “soñar y amar”. Para nosotros en Tantita Tinta, la teoría es más simple: hay algo en la física de Messi que no tiene explicación científica. Maradona decía que llevaba la pelota atada, pero lo de Leo es distinto; él parece llevarla adentro del pie. Por eso, cuando los defensas intentan quitársela, simplemente no encuentran dónde golpear.
Luces, sombras y el peso de una leyenda
No todo ha sido miel sobre hojuelas. Como toda figura de su tamaño, Messi también cargó con una montaña de críticas. En este último Mundial, las polémicas no faltaron, alimentadas por voces que cuestionaban si el sistema favorecía al ídolo argentino. El técnico de Egipto, Hossam Hassan, no se guardó nada tras el 3-2 en Cuartos, alimentando un debate que, sinceramente, es parte del folclor del futbol. ¿Favorecido? Quizás. ¿Genio? Indiscutiblemente.
Con ocho Balones de Oro en su vitrina y una carrera que bien podría resumirse en una película de Hollywood, Messi se retira del escenario mundialista tras haber dejado su marca en los jardines artificiales de la MLS y en el corazón de medio mundo. Se va sin aquel gol en la final contra España que tanto anhelaba, pero con la satisfacción de haber sido, durante días, el máximo goleador histórico de los Mundiales hasta que Mbappé decidió ajustar las cuentas.
El telón ha caído. Los jardines de la MLS seguirán disfrutando de sus pinceladas finales, pero para quienes crecimos viéndolo gambetear desde sus inicios en Barcelona, la Copa del Mundo ya no se siente igual. Gracias por tanto, Leo. Te vamos a extrañar.
Fuente: Sopitas Deporte