Un enemigo del pasado que vuelve a dar batalla
Durante décadas, el sarampión parecía un problema resuelto. Gracias a la efectividad de las vacunas, los médicos casi no tenían motivos para preocuparse por encontrar curas específicas; simplemente, no eran necesarias. Pero, como bien sabemos en Tantita Tinta, la realidad a veces nos da un revés inesperado. Hoy, el sarampión no solo ha regresado, sino que se está expandiendo a niveles que no veíamos en 35 años.
Con las tasas de vacunación cayendo peligrosamente, la comunidad científica ha tenido que ponerse las pilas. Empresas biotecnológicas y grupos de investigación están trabajando a marchas forzadas en nuevos tratamientos, no solo para quienes ya están lidiando con el virus, sino para proteger a los más vulnerables. El problema es que desarrollar estas soluciones tomará tiempo, y aún hay una gran incógnita: ¿la gente los aceptará?
Las cifras que encienden las alarmas
No es un tema menor. En Estados Unidos, los números han escalado de forma alarmante: mientras que en todo 2024 se reportaron 285 casos, a julio de 2026 la cifra ya superaba los 2,300. En nuestra región, el panorama tampoco es alentador. Según informes epidemiológicos recientes, México registró 11,820 casos, Guatemala 7,067 y Canadá 1,079. Estos países, junto con EE. UU., concentran el 96% de los contagios en todo el continente americano.
Recordemos que, para mantener el virus a raya, al menos el 95% de la comunidad necesita estar vacunada con ambas dosis. Esto protege a quienes no pueden hacerlo, como los bebés menores de 12 meses o personas con sistemas inmunológicos comprometidos. Cuando la vacunación cae por debajo de ese margen, la protección colectiva simplemente se desmorona.
¿Qué hay en el horizonte médico?
Actualmente, no existe un tratamiento específico contra el sarampión. Los médicos se limitan a medidas de apoyo: evitar la deshidratación, controlar problemas respiratorios y, a veces, usar vitamina A para compensar las deficiencias que el virus provoca. Pero el equipo de investigación de empresas como Invivyd está explorando los anticuerpos monoclonales.
Estos anticuerpos, que ya vimos funcionar durante la pandemia de COVID-19, imitan las defensas naturales del cuerpo. Se administran vía intravenosa o inyección y ofrecen una protección que puede durar varios meses. Aunque los costos de fabricación y los ensayos clínicos son millonarios —incluso llegando a cifras que fácilmente superan los cientos de millones de pesos mexicanos para asegurar el acceso y la distribución—, los expertos coinciden: es mucho más barato prevenir o tratar que gestionar un brote masivo o secuelas graves como la encefalitis.
El reto: La desinformación y el futuro
Quizás el obstáculo más grande no sea la ciencia, sino la desconfianza. En brotes recientes, se ha visto cómo algunos padres rechazan incluso tratamientos basados en plasma. A esto se suma un clima donde las teorías sin sustento científico se viralizan más rápido que cualquier virus en redes sociales.
“Va a morir gente. Es urgente terminar este trabajo”, advierte James Crowe, inmunólogo de Vanderbilt. La meta es clara: desarrollar una inyección de acción prolongada que sea tan potente que el virus no pueda ni siquiera intentar mutar. Mientras tanto, en Tantita Tinta te seguiremos informando, porque la mejor herramienta contra la incertidumbre siempre será la información basada en ciencia.
Fuente: WIRED en Español