¿La FIFA se está convirtiendo en una empresa privada?
En Tantita Tinta siempre estamos atentos a lo que pasa detrás de los reflectores, y esta vez, el drama viene directamente desde la cúpula del balompié mundial. Gianni Infantino, el presidente de la FIFA, tiene entre manos un plan que ha hecho que a más de uno se le ponga la piel de gallina: vender una parte de las operaciones comerciales de la organización a inversores privados.
La estrategia se llama FIFA Forward Enterprise (FFE). El objetivo es centralizar todo lo que mueve dinero —desde las transmisiones de tele, patrocinios, venta de boletos hasta las licencias— para atraer capital externo y, supuestamente, profesionalizar las finanzas del organismo que rige nuestro deporte favorito.
Más dinero, ¿más promesas?
La promesa de la FIFA suena a música para los oídos de las federaciones locales: pasar de una inversión de 8 millones de dólares a unos 20 millones por país (aproximadamente de 160 a 400 millones de pesos mexicanos, según el tipo de cambio actual) para el ciclo 2027-2030. Según Infantino, esto ayudaría a que el futbol base, el femenil y la infraestructura de los países menos favorecidos despeguen de una vez por todas.
Si bien suena a gloria, el equipo de Tantita Tinta se pregunta: ¿a qué costo? Abrirle la puerta a firmas de capital de riesgo significa que, aunque la FIFA jure y perjure que mantendrá el control operativo, los inversores no van a soltar su dinero solo por amor al arte. En el mundo de los negocios, quien pone la lana, tarde o temprano, quiere poner las reglas.
El trasfondo: ¿Quién quiere entrarle al quite?
Se ha mencionado que Thrive Eternal, una firma de capital de riesgo que ha metido sus manos en gigantes como Spotify, Twitch y hasta en los San Francisco Giants de la MLB, sería la primera en la fila. Que una empresa especializada en software y tecnología decida apostarle al futbol mundial dice mucho sobre cómo ven ellos el negocio: ya no como un deporte, sino como una plataforma de contenido infinito.
Pero no todos están aplaudiendo. La UEFA, por ejemplo, ya pegó el grito en el cielo, señalando que esto es cruzar una línea roja. Para ellos, el espíritu del futbol no es un activo para comerciar con opacidad, y menos cuando se trata de la máxima autoridad deportiva.
¿Qué sigue para nosotros los aficionados?
Aún falta que el proyecto sea aprobado por el Consejo de la FIFA y las asociaciones miembro. Si bien es difícil que una rebelión de federaciones logre frenar a Infantino, la discusión apenas comienza.
- Control: La FIFA insiste en que los inversores serán minoritarios y sin voz en lo deportivo.
- Transparencia: ¿Veremos realmente cómo se gasta ese dinero extra en los barrios y canchas de México?
- El riesgo: Que las decisiones de los torneos se inclinen más hacia lo que es rentable para un fondo de inversión que hacia lo que le conviene a la afición.
En Tantita Tinta seguiremos dándole seguimiento a este lío. Al final del día, el futbol es de la gente, y ver cómo se negocia su futuro en oficinas de lujo es algo que no podemos perder de vista. ¿Estamos ante la modernización necesaria o ante el principio del fin de la esencia del juego?
Fuente: Sopitas Deporte