¿Qué es realmente el fracking y por qué todo el mundo habla de ello?
Seguro has escuchado el término fracking en las noticias o en alguna discusión sobre energía. Es una palabra que suena técnica, fría y, la verdad, un poco intimidante. En Tantita Tinta nos dimos a la tarea de desmenuzar este tema, porque aunque parezca algo que ocurre solo en películas de ciencia ficción, es una realidad que está ocurriendo bajo nuestros pies, incluso en nuestro país.
El nombre técnico es fracturación hidráulica. Para no hacértelo cansado con términos aburridos de ingeniería, imagínate esto: se trata de una técnica diseñada para extraer gas natural y petróleo que están atrapados en capas muy profundas del subsuelo, en rocas que son tan duras que, sin ayuda, nunca soltarían sus tesoros energéticos.
¿Cómo funciona la maquinaria?
El proceso es bastante rudo. Básicamente, se perfora la tierra a profundidades abismales y se inyectan millones de litros de agua mezclados con arena y un cóctel de sustancias químicas a altísima presión. Esta combinación logra literalmente “romper” la roca (fracturarla) para que los hidrocarburos puedan liberarse y subir a la superficie para ser recolectados.
El lado oscuro: ¿Por qué hay tanto drama detrás?
Aquí es donde las cosas se ponen color de hormiga. En Tantita Tinta creemos que hay que poner las cartas sobre la mesa: si bien el fracking permite que los combustibles tengan precios más accesibles temporalmente y aumenta la reserva energética, el costo ambiental es, para muchos expertos, simplemente impagable.
- ¿Terremotos a la carta?: La inyección a alta presión crea micro-fallas en la corteza terrestre. Esto ha hecho que aumente la frecuencia de sismos en zonas donde antes ni siquiera se movía el suelo.
- Contaminación de mantos acuíferos: Este es el punto más crítico. Las sustancias químicas utilizadas en el proceso corren el riesgo de filtrarse hacia los depósitos de agua subterránea. Estamos hablando de agua que, en teoría, debería ser potable para miles de familias.
- Consumo masivo de agua: En un mundo donde la escasez de agua es una crisis latente, destinar millones de litros a fracturar rocas resulta, cuando menos, cuestionable.
¿Qué está pasando en México?
Aunque a nivel internacional muchos países han puesto candados fuertes a esta práctica, en México el tema sigue en una zona gris. No está explícitamente prohibido, lo que mantiene a grupos ambientalistas y ciudadanos en constante alerta. La pregunta que queda en el aire es: ¿estamos dispuestos a comprometer nuestros recursos naturales más vitales por unos años extra de petróleo?
Es un debate necesario, complejo y, sobre todo, urgente. Estaremos al pendiente de cómo evoluciona esta política, porque al final del día, el medio ambiente es nuestra casa y cuidar los mantos freáticos es prioridad para todos.
Fuente: Sopitas Cosas