¿Alguna vez te has sorprendido repitiendo una frase de TikTok que no tiene ni pies ni cabeza, o sintiendo una extraña lealtad por un influencer que claramente está en el ojo del huracán? Bienvenido al brainrot, el fenómeno digital que está cambiando cómo percibimos la realidad fuera de nuestra pantalla.
En Tantita Tinta nos hemos puesto a analizar cómo el algoritmo ha dejado de ser solo una herramienta para pasar el rato y se ha convertido, poco a poco, en el director de orquesta de nuestra vida cotidiana. No es una enfermedad, es esa sensación de haber consumido tanto contenido repetitivo —memes, audios virales, personajes polémicos— que terminan adueñándose de tu forma de hablar, pensar y relacionarte con los demás.
Del celular a la vida real: ¿Qué está pasando?
El brainrot moderno es hijo directo de TikTok. Funciona así: una palabra normal se vuelve viral, la escuchas mil veces al día, y de pronto, ya no puedes ver un objeto cotidiano sin que tu cerebro haga la conexión con ese video específico. El problema no es la risa, el problema es que el fenómeno ha escalado. Ya no se trata solo de memes; estamos hablando de cómo consumimos y validamos a figuras públicas que, bajo cualquier lógica sensata, habrían quedado en el olvido.
La trampa de la familiaridad: Cuando el algoritmo decide quién nos cae bien
Para nosotros en Tantita Tinta, lo más preocupante es el efecto de la exposición constante. La repetición genera familiaridad, y la familiaridad se disfraza de confianza. Aquí es donde surgen casos como los de figuras que, a pesar de tener historiales marcados por la polémica, el abuso o discursos que dividen, logran comunidades fieles simplemente porque están ahí. Aparecen en tu feed una y otra vez, y tu cerebro, agotado por el bombardeo de información, simplemente los acepta como parte del paisaje.
- El efecto Marianne: Cómo la narrativa del creador puede desplazar incluso a las víctimas reales, usando la maternidad o el estilo de vida como escudo ante responsabilidades legales del pasado.
- El caso Naim Darrechi: Un nombre rodeado de denuncias graves que, a pesar de todo, logra ser la cara de un reality show, demostrando que la memoria colectiva en internet es peligrosamente corta.
- El fenómeno El Temach: Un ejemplo claro de cómo los discursos confrontativos encuentran en el algoritmo un altavoz perfecto, normalizando ideas que, en otros contextos, serían rechazadas de inmediato.
¿Podemos escapar del control del algoritmo?
La pregunta de oro es: ¿estamos eligiendo a quién seguir o simplemente estamos aceptando lo que el algoritmo nos impone para mantenernos pegados a la pantalla? Las redes sociales están diseñadas para premiar la conversación, sin importar si esta nace de la admiración o del coraje. Si generas clics, generas dinero. Y en este juego, cada like y cada reproducción es un respaldo que le damos a contenidos que, a veces, no aportan nada más que ruido.
Al final del día, el brainrot no nos cambia la personalidad de la noche a la mañana, pero sí entorpece nuestro juicio crítico. Vale la pena hacer una pausa, soltar el celular, salir a caminar —aunque sea unos 500 metros a la redonda— y cuestionar: ¿esto que estoy consumiendo realmente me suma, o solo estoy siendo un engrane más en la máquina del algoritmo? Porque, seamos honestos, la atención es nuestra moneda más cara, y ya es hora de que dejemos de gastarla en cualquier cosa.
Fuente: Sopitas Cosas