¡El ajolote prehistórico! Descubren en Hidalgo al ancestro más antiguo de nuestro ícono nacional

Un tesoro escondido en la tierra hidalguense

Si creías que los ajolotes eran solo los simpáticos protagonistas de nuestros billetes de 50 pesos, prepárate, porque la historia de estos anfibios es mucho más profunda y antigua de lo que imaginamos. En Tantita Tinta nos encanta cuando la ciencia nos recuerda que México es una caja de sorpresas, y esta vez, el hallazgo viene de la mano de los expertos de la UNAM.

Un equipo de la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza (FES Zaragoza) acaba de revelar al mundo la existencia de la Ambystoma quetzalcoatli. Se trata de la primera especie fósil de salamandra descrita formalmente en México y, ojo aquí, es el registro más antiguo de este género en nuestro país. Básicamente, acabamos de encontrar al tatarabuelo de los ajolotes que conocemos hoy.

¿Cómo dieron con él?

Todo ocurrió en Atotonilco el Grande, Hidalgo. Resulta que, hace millones de años, esta zona no era lo que vemos hoy: era un sistema de lagos de unos 85 kilómetros cuadrados, alimentado por el río Amajac. El lugar era una mina de oro para la paleontología, donde ya se habían encontrado restos de peces, escarabajos y plantas, pero los anfibios seguían siendo un misterio guardado bajo llave.

Los investigadores tenían una docena de ejemplares recolectados desde hace casi 30 años, esperando su turno para ser estudiados a fondo. Gracias a técnicas modernas, como tomografías computarizadas y comparaciones detalladas con especies actuales, los doctores Jorge Herrera Flores y María Patricia Velasco de León confirmaron que no estábamos ante un ajolote común, sino ante una especie única.

Las diferencias que marcan la historia

Al comparar los fósiles con 13 especies vivas —incluyendo a nuestro famoso ajolote de Xochimilco (Ambystoma mexicanum)—, los científicos notaron diferencias anatómicas clave. Por ejemplo, mientras que los ajolotes modernos tienen 16 vértebras o menos, el Ambystoma quetzalcoatli presumía de 17 vértebras troncales. Además, su cráneo tiene una configuración única, con una abertura alargada que no se ve en sus descendientes actuales.

Este descubrimiento, publicado en la revista Palaeontologia Electronica, confirma que la neotenia (esa peculiaridad de mantenerse con rasgos juveniles durante toda su vida adulta) ya era una estrategia ganadora para los ajolotes desde el Plioceno. Vivir en lagos aislados y estables les permitió desarrollar esta adaptación hace millones de años, convirtiéndose en los maestros de la supervivencia acuática.

¿Por qué debería importarnos?

Para nosotros en Tantita Tinta, este hallazgo es un recordatorio de que la biodiversidad mexicana tiene raíces que se hunden profundamente en el tiempo. Entender cómo vivían y evolucionaban estas criaturas en ecosistemas que hoy ya no existen nos ayuda a proteger mejor a las especies que aún tenemos con nosotros. Además, estudios sobre el ADN y la regeneración de estos animales siguen siendo piezas clave que podrían revolucionar la medicina regenerativa en el futuro.

Definitivamente, el Ambystoma quetzalcoatli no solo es un fósil más; es la prueba de que el ajolote ha sido, y siempre será, un pilar fundamental de la historia natural de México.

Fuente: WIRED en Español


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