El macabro misterio que marcó la historia criminal
En Tantita Tinta nos encanta clavarnos en los misterios más oscuros de la historia, y pocos casos despiertan tanta fascinación como el de Lizzie Borden. Para entender el revuelo que hay con el anuncio de la cuarta temporada de la exitosa antología de Netflix, creada por Ryan Murphy e Ian Brennan, tenemos que viajar en el tiempo hasta una sofocante mañana de agosto de 1892 en Fall River, Massachusetts. En nuestro equipo nos pusimos a investigar los detalles de este drama que, a más de 130 años de distancia, sigue sacando canas verdes a los entusiastas del true crime.
Aquel día, la tranquilidad de la familia Borden se hizo añicos. La primera en ser encontrada sin vida fue Abby Borden, de 64 años y madrastra de Lizzie. Más de una hora después, su esposo Andrew —un hombre con una cartera muy abultada pero con una fama de codo insoportable— regresó a casa de hacer unos recados y corrió una suerte todavía peor: la policía lo halló en el sofá del salón prácticamente irreconocible tras recibir nada menos que once hachazos. Sí, tal como lolees, una escena digna de película de terror.
De la sospecha al juicio del siglo
En el momento del crimen, en la casa solo estaban Lizzie, de 32 años, y Bridget Sullivan, la empleada doméstica de origen irlandés. Aunque las hermanas Borden intentaban mantener una fachada de familia perfecta, los vecinos y amigos cercanos sabían que el ambiente estaba más pesado que el tráfico de la CDMX en viernes por la tarde. Andrew obligaba a sus hijas a vivir en un barrio bastante modesto y a gastar lo menos posible, mientras le mandaba jugosas sumas de dinero a los parientes de su segunda esposa.
Las autoridades empezaron a sospechar de Lizzie cuando su coartada hizo agua y cambió su versión de los hechos en repetidas ocasiones. Por si fuera poco, un farmacéutico local juró y perjuró que la mujer había intentado comprar veneno un día antes de los asesinatos. Tras ser arrestada y encarcelada, el chisme explotó por completo cuando una amiga declaró ante el gran jurado que Lizzie había quemado un vestido suyo justo después del doble homicidio.
El juicio arrancó en junio de 1893. Con una herencia nada despreciable en la bolsa, Lizzie se armó hasta los dientes contratando a un abogado estrella de Boston. El gran detalle es que se enfrentó a un jurado integrado exclusivamente por hombres —como dictaban las reglas de la época—. La fiscalía la tenía muy difícil porque la mayoría de las pruebas eran circunstanciales: el arma homicida jamás apareció y la supuesta compra del veneno fue descartada en el tribunal. Al final, el jurado no vio madera de asesina en ella y la declaró inocente tras una deliberación exprés.
El gran giro en la antología de Netflix
Para nosotros en Tantita Tinta, lo más jugoso de esta nueva entrega de la famosa plataforma de streaming es el giro de tuerca que representa. A diferencia de las temporadas anteriores, donde los protagonistas eran monstruos cuya culpabilidad estaba más clara que el agua —como Jeffrey Dahmer, los hermanos Menéndez o Ed Gein—, el caso de Lizzie Borden navega en un mar de ambigüedad total. Nadie más fue juzgado por el crimen, dejándola vivir el resto de sus días bajo una sombra de desconfianza que inspiró incontables libros, obras de teatro y ahora, esta esperada serie.
Sin duda, la producción promete mantenernos pegados a la pantalla de la computadora o del celular devorando cada capítulo. ¿Logrará esta adaptación darnos una nueva perspectiva sobre uno de los misterios más grandes del vecino país del norte? Solo queda preparar las palomitas y esperar el estreno para sacar nuestras propias conclusiones.
Fuente: Espinof