¿Creías que el stop motion mexicano era cosa reciente? Piénsalo otra vez
En Tantita Tinta siempre nos encanta hurgar en los archivos polvorientos para encontrar esas joyas que parecen haber sido tragadas por el tiempo. Y es que, con tanto ruido mediático alrededor de las grandes producciones de Hollywood, a veces olvidamos que México tiene un pasado cinematográfico, y de animación, verdaderamente fascinante.
Si últimamente te has sentido abrumado por las noticias de grandes adaptaciones como las que propone Christopher Nolan, quizá te sorprenda saber que, hace más de 50 años, nuestro país fue escenario de una hazaña técnica adelantada a su época: La odisea de los muñecos, considerada la primera película de stop motion realizada en México.
El genio detrás del lente: Carlos G. Groppa
Para entender este filme, hay que hablar de su creador. Carlos G. Groppa no era un improvisado; el director argentino se labró una reputación legendaria en Latinoamérica gracias a su dominio de la animación. Durante los años 50 y 60, Groppa ya experimentaba con muñecos, alejándose de la publicidad convencional para explorar terrenos artísticos más complejos, como lo hizo en su obra ¡Oh, el amor! (1957).
Tras años de darle forma a sus sueños a través de Estudios CINET en Argentina, el destino lo trajo a tierras mexicanas en 1971. Aquí, con la creatividad y el ingenio que caracteriza a nuestra industria, se aventuró en un proyecto titánico: llevar la épica de Homero al mundo de la animación cuadro por cuadro.
La odisea de los muñecos: Un ensamble de voces icónicas
Estrenada en 1975, La odisea de los muñecos no solo destacó por su técnica de vanguardia —que implicaba mover objetos milimétricamente durante horas para lograr un segundo de movimiento—, sino también por un elenco de doblaje que cualquier producción actual envidiaría.
Imagina esto: darle vida a los personajes de la Grecia antigua con las voces de leyendas como Bruno Rey, Sergio Bustamante y, para cerrar con broche de oro, la participación estelar de María Antonieta de las Nieves, nuestra querida Chilindrina, quien prestó su voz para interpretar a la mismísima Penélope. Fue un cruce de talentos que definió una era del cine nacional.
¿Por qué importa esto hoy?
Para nosotros en Tantita Tinta, rescatar esta pieza del olvido es fundamental. Mientras hoy vemos presupuestos millonarios —incluso si pensáramos en convertir su costo de producción original a los valores actuales, estaríamos hablando de una cifra significativa, quizá de varios millones de pesos en términos de recursos y esfuerzo humano—, Groppa logró hacer magia con paciencia y una computadora rudimentaria para su época, si es que acaso utilizaba tecnología más allá de la mecánica pura.
El stop motion ha vuelto a ponerse de moda, pero reconocer a los pioneros es lo que nos da perspectiva. Esta película no es solo un cortometraje; es la prueba de que en México la animación siempre ha tenido una chispa única. La próxima vez que escuches hablar de una “odisea” cinematográfica, recuerda que aquí, hace medio siglo, ya estábamos moviendo los hilos y dando vida a los muñecos con una maestría que merece ser recordada.
Fuente: Sopitas Cine y TV