De ‘Megafarmacia’ a bodega fantasma: el complejo que prometió salvar la salud en México luce desierto

¿La gran solución o un cascarón vacío? El presente de la Megafarmacia

Si alguna vez escuchaste hablar del Centro Federal de Almacenamiento y Distribución de Insumos para la Salud (Cefedis), mejor conocido como la Megafarmacia, seguro recordarás las promesas: un recinto colosal en Huehuetoca, Estado de México, diseñado para acabar de una vez por todas con el desabasto de medicamentos en el país. Sin embargo, hoy en Tantita Tinta nos dimos a la tarea de investigar qué está pasando realmente detrás de esas paredes, y la realidad es mucho más gris —y solitaria— de lo que nos contaron.

A simple vista, el complejo es impresionante: una superficie de más de 94 mil metros cuadrados y dos naves industriales que suman 425 mil metros cuadrados de espacio. Pero, ¿qué ocurre cuando el ruido de los motores se apaga? La respuesta es un silencio sepulcral que poco tiene que ver con la actividad frenética que uno esperaría de un centro de distribución nacional.

Un socavón que resume el abandono

No es solo la falta de movimiento. La infraestructura externa es la postal perfecta de la desatención. Desde enero de 2026, un socavón bloquea parcialmente uno de los accesos principales. Lo que debería ser una entrada estratégica para tráileres cargados de insumos médicos se ha convertido en un obstáculo por donde apenas pasan autos compactos y motos, obligando a los transportistas a dar rodeos interminables. A pesar de que han pasado meses, el cascajo sigue ahí, siendo mudo testigo de un proyecto que parece haber perdido el rumbo.

En Tantita Tinta analizamos la situación y es evidente el contraste: mientras la carretera Jorobas-Tula hierve de actividad, el Cefedis se mantiene como una isla de inactividad. Los 50 andenes de carga y descarga, que alguna vez bulleron de trabajo cuando el lugar albergaba una conocida cadena departamental, hoy permanecen vacíos, acumulando polvo en lugar de medicamentos.

¿Qué dicen los vecinos?

Para quienes viven en la colonia Santa Teresa, la Megafarmacia es poco más que un vecino silencioso. Los testimonios locales son reveladores: los trabajadores de seguridad y logística confirman que la llegada de tráileres es intermitente y, en días de suerte, escasa. Incluso se ha reportado basura de empaques médicos tirada en el bajopuente, con etiquetas que aún detallan lotes, fechas de caducidad y destinos que, al parecer, nunca llegaron a manos de los pacientes que los necesitaban.

“Ya no se ve gente, ya no hay ese trajín de antes”, nos cuentan los vecinos. Algunos excolaboradores aseguran que el modelo de operación cambió: lejos de ser el gran almacén de reserva que prometía surtir a todo el país al instante, el lugar funciona más como un centro de paso donde lo poco que llega, se prepara y se envía casi de inmediato. Es decir, no hay un stock real que garantice la atención inmediata ante una emergencia.

El costo de la inacción

La gran pregunta que queda en el aire es: ¿en qué se convirtió esta inversión millonaria? La falta de mantenimiento, la nula actividad logística y la desolación de sus instalaciones no solo son un tema de imagen, sino una preocupación real para miles de mexicanos que siguen esperando que la promesa de “medicinas para todos” se vuelva, finalmente, una realidad. Para nosotros en Tantita Tinta, la evidencia es clara: una infraestructura sin alma ni operación no es más que un edificio vacío.

Fuente: El Universal


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