El encuentro más inesperado del cine en México
¿Te imaginas sentarte a platicar de la vida con un desconocido en una fonda y, de repente, descubrir que es uno de los directores más brillantes de la historia del cine? Pues eso fue exactamente lo que le pasó a Ernesto Laguardia, nuestro querido villano de telenovelas, hace ya algunos ayeres.
En Tantita Tinta nos encanta hurgar en los archivos del baúl de los recuerdos, y la anécdota que Laguardia compartió recientemente en La Casa de los Famosos México nos dejó con el ojo cuadrado. Resulta que, mucho antes de ser el galán y conductor que todos ubicamos, un Ernesto de apenas 21 años se metió de lleno en las entrañas de los legendarios Estudios Churubusco sin tener idea de que estaba a punto de cambiar su destino.
Un ‘despiste’ que lo llevó a Hollywood
Todo ocurrió durante la preproducción de Dune (1984), la ambiciosa adaptación de Frank Herbert dirigida por el genio David Lynch. Ernesto, buscando chamba como extra, entró a los estudios, se perdió entre los pasillos y terminó en una pequeña cafetería dentro del recinto. Buscando un lugar para sentarse, compartió mesa con un señor estadounidense. ¿El tema de conversación? Cine, familia y la vida misma. Nada pretencioso, solo dos personas pasando el rato.
“Hablamos de todo, pero yo ni sabía quién era”, confesó el actor. Cuando Laguardia se levantó para irse a su supuesta audición, el hombre le soltó una bomba: “No te vayas a ningún lado, el casting es aquí y yo soy el director”. Así, sin haber hecho fila ni llevar currículum, Ernesto Laguardia se ganó su lugar en una de las producciones más alucinantes que se han filmado en suelo mexicano.
Sangre falsa y el nacimiento de una vocación
Lo que debió ser un llamado de un día se convirtió en una aventura de tres semanas. La transformación fue radical: le tiñeron el pelo de naranja y le rasuraron parte de la cabeza para interpretar a una de las víctimas del barón Harkonnen. Si recuerdas la escena donde le arrancan un dispositivo del pecho, ¡ese era él!
Pero el momento clave no ocurrió frente a la cámara, sino después. Tras una jornada pesadísima y cubierto de sangre artificial, Ernesto terminó limpiándose en el camerino privado de otra estrella. Fue ahí, rodeado de espejos y sin una gota de maquillaje, donde se vio al espejo y tomó una decisión: “Quiero ser actor toda mi vida”.
El legado de una cinta de culto
Aunque Dune no fue precisamente un éxito taquillero en su estreno (muchos críticos la destrozaron en su momento), con los años se convirtió en un objeto de culto. En Tantita Tinta creemos que este tipo de historias son las que le dan sabor a la industria. Tener a figuras como Sting o Kyle MacLachlan paseando por la Ciudad de México es el tipo de anécdota que nos recuerda que, a veces, la realidad supera por mucho a la ficción.
Si tienes curiosidad por ver el trabajo de Laguardia en esta mítica pieza, la cinta está disponible en plataformas como MUBI. Es un gran pretexto para ver cómo un despiste en los Churubusco puede terminar en un momento inmortal del séptimo arte. ¿Quién diría que una plática casual terminaría en una de las películas más extrañas y fascinantes de los 80?
Fuente: Espinof