El precio de crear un fenómeno global
En Tantita Tinta siempre decimos que el éxito tiene muchas caras, pero pocas veces nos detenemos a pensar en la sombra que proyecta. Cuando hablamos de Akira Toriyama, el genio detrás de Dragon Ball, es imposible no pensar en Gokú, en los Super Saiyajin y en esa nostalgia de las tardes frente a la televisión. Sin embargo, para Toriyama, el fenómeno que él mismo desató terminó convirtiéndose en una especie de jaula de oro de la que tuvo que aprender a escapar.
Mucho antes de que el mundo entero supiera quién era, el mangaka ya disfrutaba de una fama considerable gracias a Dr. Slump. Pero, seamos honestos, la explosión de Dragon Ball no tuvo comparación. Pasó de ser un artista respetado a una celebridad de alcance mundial. Y aquí es donde la historia se pone interesante (y un poco triste).
El incidente del supermercado: Cuando no puedes ni comprar la leche
En los años 80 y 90, Toriyama no era el artista recluido que conocimos años después. Al contrario, participaba en entrevistas, aparecía en fotos y era un tipo bastante abierto. Todo cambió tras un episodio que cualquier mortal consideraría una anécdota simpática, pero que para él fue el punto de inflexión. ¿Se imaginan estar haciendo las compras en el súper y que de pronto una fila interminable de personas rodee su carrito porque los reconocieron?
Eso le pasó a Toriyama. Una dependienta lo reconoció, pidió un autógrafo para su hijo y, en cuestión de minutos, la noticia corrió como pólvora. El pobre Akira se vio atrapado en una multitud que no lo dejaba ni moverse. Tras ese día, decidió que ya había tenido suficiente de la fama pública.
¿Qué aprendimos en Tantita Tinta?
Lo que Toriyama vivió nos deja una reflexión clara: ser famoso no es tan sencillo como parece desde afuera. Para el autor, el anonimato era su moneda de cambio para tener una vida normal. Empezó a rechazar entrevistas y a esconderse de las cámaras. ¿Sabían que, en sus últimos años, era casi imposible conseguir una foto reciente de él? Logró lo que pocos: recuperar su derecho a la privacidad, aunque eso significara dejar de ser el rostro visible de su propia leyenda.
Hoy, al mirar hacia atrás, es fácil entender su postura. Imaginen que ganan tanto dinero que, si lo calculamos a los precios actuales, estaríamos hablando de fortunas de miles de millones de pesos mexicanos solo en derechos de autor y licencias. Pero, ¿de qué sirve el éxito si no puedes ni caminar 500 metros por tu colonia sin que te detengan? La historia de Toriyama nos recuerda que, a veces, el mayor lujo no es la fama, sino la tranquilidad de ser uno mismo sin reflectores encima.
Fuente: Espinof