Más allá de una etiqueta: El renacer de Bratty
En Tantita Tinta siempre estamos atentos a esos artistas que se niegan a encasillarse, y esta vez, la sinaloense Bratty nos ha dado una lección de autenticidad con su reciente producción discográfica, Hoshi. Si alguna vez pensaste que el éxito es solo cuestión de suerte, Bratty llega para demostrarnos que, en realidad, es un ejercicio constante de honestidad y, a veces, de salir de una crisis creativa bastante intensa.
¿Qué significa ‘Hoshi’ y por qué nos importa?
Si traducimos Hoshi del japonés, nos encontramos con la palabra “estrella”. Pero para la cantautora, este nombre es mucho más que un concepto estético inspirado en Pinterest; es una declaración de principios. Bratty confiesa que el proceso de creación no fue lineal. Se enfrentó al clásico bloqueo del artista, ese momento donde sientes que lo que haces ya no te define. Su solución fue brillante: empezar por lo visual antes que por lo sonoro.
En la industria musical, es muy fácil que te cuelguen etiquetas. A Bratty la han metido durante años en el cajón del “bedroom pop”, pero ella es la primera en alzar la mano para decir: “Oigan, eso no es lo que hago”. Y tiene toda la razón. Con Hoshi, la artista expande sus horizontes musicales mezclando trip-hop, jungle pop y drum and bass con esas guitarras que siempre han sido su sello personal.
Colaboraciones que marcan una generación
Algo que destacamos en Tantita Tinta es la capacidad de Bratty para rodearse de talento que suma, no solo por marketing, sino por conexión real. La colaboración con Julieta Venegas en “No queda nada” no es casualidad; es un puente entre dos generaciones que comparten una misma sensibilidad musical. Por otro lado, no podemos pasar por alto a Ed Maverick, a quien Bratty define como una voz única que ha pavimentado el camino para los artistas de su edad en un México cada vez más interesado en el indie de calidad.
Los momentos incómodos de la fama
Un detalle que nos llamó la atención de sus “Hoshi series” (los videos promocionales del disco) es que no buscan ser perfectos ni glamorosos. Al contrario, son guiones que retratan la incomodidad de la industria musical, reflejando momentos de su vida real que, a veces, preferiríamos mantener ocultos. Es esa vulnerabilidad la que hace que el proyecto se sienta tan genuino.
Para aquellos que nos preguntan sobre el costo de la producción musical actual, si quisiéramos aterrizarlo a números más cercanos a nuestra realidad: grabar un álbum con este nivel de instrumentación, incluyendo estudios de alta gama y sesiones de producción, puede escalar rápidamente. Un proyecto de esta envergadura fácilmente podría requerir una inversión que va desde los 150,000 hasta los 500,000 pesos mexicanos, dependiendo del nivel de experimentación electrónica y colaboraciones involucradas.
El mensaje final: No sentirse “suficiente” es parte del proceso
La honestidad de Bratty al admitir que “nunca se siente suficiente” es algo con lo que muchos nos podemos identificar. Ese síndrome del impostor no perdona a nadie, ni siquiera a una estrella en ascenso. Pero al final del día, ese es el motor que la empuja a no quedarse estancada en un solo género. Hoshi es una invitación a explorar, a fallar, y sobre todo, a no dejar que nadie más decida qué tipo de artista debes ser.
Si aún no le has dado una vuelta completa a este disco, te recomendamos hacerlo con audífonos y sin expectativas. Deja que la mezcla de ritmos te lleve por un camino que no se siente para nada “de recámara”.
Fuente: Sopitas Musica