¿Axolotl a más no poder? Científicos de Nayarit hallan la densidad perfecta para criarlos
En las instalaciones de la Universidad Autónoma de Nayarit, investigadores han lanzado una de las primeras investigaciones serias sobre cómo criar al axolote mexicano en condiciones de laboratorio que imiten el mundo real. ¿El objetivo? Saber si echar más animalitos en el mismo tanque perjudica su crecimiento o si, por el contrario, les permite prosperar. El estudio, publicado recientemente en la revista Aquaculture Journal, evaluó tres densidades de stocking durante siete semanas completas. Y los resultados, aunque parecieren lógicos, tienen un matiz interesante que merece que lo sepan aquí, en casa.
El experimento fue sencillo de imaginar, pero requirió precisión y mucho cuidado. Científicos tomaron axolotl juveniles, con un peso inicial promedio de 28.7 gramos, y los dividieron en tres grupos. El primer grupo, densidad D3, vivía con tres individuos por cada 40 litros de agua. El segundo, D6, con seis axolotles por el mismo volumen. Y el tercero, D9, la densidad máxima: nueve axolotles cada 40 litros. El agua se mantuvo a 19 °C, una temperatura típica de los hábitats originarios, y se les alimentó con una dieta comercial con 55% de proteína durante todo el periodo.
Pasaron siete semanas, y al final midieron de todo: longitud final, peso húmedo, la tasa de crecimiento específico (SGR), el factor de condición de Fulton (K), y hasta la composición proximal —qué tanto proteína, grasa o humedad tienen sus cuerpos. El hallazgo más claro? No hubo diferencias estatísticamente significativas en la supervivencia, ni en el factor de condición, ni en el contenido de proteína, grasa o humedad en el cuerpo de los axolotles. En otras palabras, independientemente de la densidad, se sobrevivía bien y el cuerpo se componía de forma similar.
Pero ahí donde sí importaron las cosas fue en el crecimiento real. Los axolotles de la densidad D3, los que vivían con menos compañeros por litro, lograron el peso final más alto y la tasa de crecimiento específico (SGR) más elevada. En cambio, los del grupo D9, los más «apiñados», mostraron valores más bajos en ambos indicadores. Es decir, aunque había más axolotles en el mismo tanque, crecían más lento y pesaban menos al final de las siete semanas.
¿Por qué nos importa esto, a nosotros que vivimos en México? Primero, porque el axolote es un ícono nacional, ese lagartijo mágico que solo encontramos en el territorio mexicano y que está en riesgo en la naturaleza. Investigaciones como esta son clave para cualquier programa de conservación ex situ —fuera de su hábitat natural— o para intentar una acuacultura sostenible en el futuro. Si un día decidimos criar axolotes de manera más masiva, saber a qué densidad ponerlos sin que dejen de crecer saludable es oro puro. Segundo, el estudio demuestra que los científicos de la Universidad Autónoma de Nayarit están al nivel de cualquier grupo internacional, haciendo ciencia de vanguardia en nuestro propio suelo. Eso es motivo de orgullo y también una llamada de atención: ya no hay excusa para no valorar lo que se hace aquí.
El grupo D9 no es «malo», pero implica un compromiso: permite mantener un mayor número de individuos por unidad de volumen, pero su rendimiento de crecimiento no la coloca como la alternativa más eficiente si lo que buscamos es que crezcan rápido y fuerte. Sin embargo, la investigación también sugiere que crear nueve axolotles por 40 litros podría ofrecer una opción para mejorar la utilización del espacio en producción cautiva y en conservación ex situ, siempre y cuando se acepte el compromiso de crecimientos más lentos. En resumen: si quieres que crezcan rápido, menos es más; si quieres tener más numerito en menos espacio, ahí tienes la opción, pero con crecimientos más modestos.
En Tantita Tinta nos emociona contar este tipo de historias porque recuerdan que la ciencia mexicana no está lejos, está aquí, en los laboratorios de nuestros estados, resolviendo misterios de especies que nos pertenecen. La próxima vez que vea un axolote, ya sabrá que detrás de su sonrisa hay semanas de experimentos, gramos y decisiones sobre cómo compartir el espacio. Y todo, desde Nayarit.
Fuente: Aquaculture Journal