A oscuras y sin salida: Cuba vive su segundo apagón nacional en menos de una semana

La isla vuelve a caer en el silencio energético

No es una falla técnica aislada, es una crisis que se ha vuelto el día a día. Cuba ha sido sacudida nuevamente por un apagón masivo que ha dejado a toda la nación sin suministro eléctrico. Este episodio marca la segunda vez en menos de siete días que la infraestructura del país colapsa por completo, dejando a 10 millones de personas sumidas en la incertidumbre y en la oscuridad total.

En Tantita Tinta, hemos seguido de cerca cómo esta situación no es solo un inconveniente pasajero, sino el síntoma de una enfermedad crónica que afecta a la isla desde hace años. Las autoridades locales han salido a dar la cara —o al menos, a publicar actualizaciones breves en redes sociales— asegurando que los protocolos de emergencia ya están activados para intentar encender de nuevo el país, pero la realidad en las calles es mucho más complicada.

¿Por qué se apaga Cuba?

Para entender el tamaño del lío, hay que ver el panorama completo. La red eléctrica cubana no es solo vieja; es obsoleta y se cae a pedazos. A esto se le suma una falta brutal de combustible que impide que las plantas generadoras operen como deberían. Las autoridades señalan directamente al bloqueo y las sanciones de Estados Unidos como los culpables de que no llegue ni el petróleo ni el financiamiento necesario para arreglar el sistema.

Del otro lado de la moneda, los expertos y analistas internacionales sugieren que el problema es mucho más profundo. La falta de inversión durante décadas ha dejado a la red tan vulnerable que cualquier error menor se convierte en una catástrofe nacional. Estamos hablando de un sistema que, si costara rehabilitarlo en términos de inversión real, requeriría miles de millones de pesos mexicanos —una cifra que hoy parece inalcanzable para la economía local— para modernizar una infraestructura que simplemente no da para más.

El costo de vivir en la incertidumbre

Para el ciudadano de a pie, esto no se traduce en discursos políticos, sino en comida echada a perder en el refri, celulares sin carga para comunicarse con la familia y una sensación constante de agotamiento. La distancia entre el malestar social y la capacidad de respuesta del gobierno es cada vez más grande.

  • Fallas constantes: Los cortes rotativos ya eran el pan de cada día, pero el colapso total es una nueva normalidad que a nadie le gusta.
  • Geografía crítica: La isla se encuentra a solo 145 kilómetros de las costas de Florida, una cercanía que hace más evidente el contraste en la calidad de vida y servicios básicos.
  • Inversión necesaria: Sin un cambio radical en la inyección de capital y un suministro de combustible estable, el parche que el gobierno intenta poner será temporal.

En Tantita Tinta nos preguntamos: ¿cuánto tiempo más puede sostenerse un sistema que falla con tanta frecuencia? La respuesta parece depender de factores que escapan a la voluntad de quienes intentan, una y otra vez, presionar el botón de reinicio.

Seguiremos informando sobre cómo evoluciona esta crisis, esperando que pronto las luces vuelvan a encenderse en cada rincón de la isla.

Fuente: Bloomberg Tecnologia


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