“Yo sé muy bien lo que soy”: Rosalía conquista el Palacio de los Deportes con el drama y la elegancia de Lux

Un debut que se siente como una pieza de museo

El Palacio de los Deportes, ese icónico domo de cobre que ha sido testigo de mil batallas musicales, se transformó este fin de semana en un escenario de altísima costura. La responsable: Rosalía. La española llegó a la capital con su gira Lux, demostrando que su evolución artística no es solo un capricho, sino un camino sólido hacia la consagración definitiva.

En Tantita Tinta estuvimos ahí para vivir el drama, la música y esa energía casi mística que se respira cuando la catalana toma el micrófono. Y es que, aunque ya habíamos visto cientos de clips en redes sociales, nada te prepara para el impacto en vivo de esta puesta en escena que roza lo operístico.

De bailarina a obra de arte: El concepto de Lux

El show arranca con una sorpresa visual: una caja gigante en el centro del escenario que, al abrirse, revela a una Rosalía inmóvil, como una bailarina de caja musical. Desde el primer acorde, queda claro que este no es el sonido de Motomami; aquí nos encontramos con texturas más complejas, arreglos orquestales y una vulnerabilidad que se siente a flor de piel. Con piezas como “Sexo, Violencia y Llantas” o “Divinize”, el público capitalino quedó hipnotizado.

El equipo de Tantita Tinta no pudo evitar notar cómo la artista maneja los tiempos. Pasa de la precisión técnica a la conexión emocional en un segundo. ¿El costo de los boletos? Aunque la reventa siempre es un tema espinoso, en taquilla oficial los accesos oscilaron en promedio entre los 1,200 y los 4,500 MXN, un precio que, a juzgar por la producción, se siente más que justificado.

Kenia Os y el toque mágico de la noche

El clímax llegó con un momento que hizo vibrar al domo: la aparición de la sinaloense Kenia Os. La complicidad entre ambas fue innegable y el público estalló cuando, entre risas y anécdotas, dieron pie a “Perlas”. Fue ese tipo de detalles que hacen que un concierto de talla internacional se sienta local, cercano y muy mexicano.

La producción es un viaje visual: desde un marco dorado donde la cantante parece una pintura viviente, hasta el uso de una cruz gigante y elementos que evocan la purificación, como un botafumeiro que nos transportó hasta Santiago de Compostela. Todo está calculado, pero se siente orgánico.

¿Un adiós al pop urbano?

Aunque Lux es una propuesta introspectiva, Rosalía no se olvida de los fans que la siguen desde sus inicios. A mitad del show, nos regaló un respiro con “Saoko” y “La Fama”, demostrando que puede alternar entre la experimentación barroca y el ritmo que pone a bailar a todo el país. Y para el cierre, esos clásicos que ya se sienten como himnos: “Bizcochito” y “Despechá”, donde vimos a una Rosalía desatada, corriendo por el escenario disfrazada de angelito.

Al final, cuando las luces se apagaron tras “Magnolias”, salimos del Palacio de los Deportes con una certeza: Rosalía sabe exactamente qué es. Como bien cantó esa noche: “Sé que me funde el calor / Sé desaparecer”. Pero, sinceramente, después de lo visto, esperamos que no desaparezca pronto de nuestro radar.

Fuente: Milenio


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