¿Alguna vez te has preguntado quién está detrás de esa foto perfecta que ves en redes? Para muchas mujeres, la respuesta es una pesadilla tecnológica.
En Tantita Tinta nos hemos puesto a investigar un fenómeno que parece sacado de una serie de ciencia ficción, pero que está ocurriendo justo ahora, en nuestras propias narices y pantallas: la creación masiva de deepfakes con rostros de mujeres reales que ni siquiera son famosas. MG, una joven de Arizona que llevaba una vida normal —trabajando y compartiendo fotos de sus clases de Pilates o un matcha en Instagram—, descubrió de la peor manera que su identidad había sido secuestrada.
Todo comenzó con un mensaje. Un seguidor le advirtió que circulaban imágenes suyas, con su cara pero en cuerpos ajenos y en situaciones íntimas. Lo más grave no es solo el uso de su imagen, sino que ella se convirtió en un ‘modelo’ para una plataforma llamada AI ModelForge. Esta gente no solo crea contenido; vende la herramienta para que cualquiera pueda hacerlo.
¿Cómo funciona este turbio negocio?
Por una suscripción de unos 500 pesos mexicanos al mes, usuarios compraban cursos donde les enseñaban a ‘raspar’ fotos de cuentas privadas, alimentarlas en una IA y generar contenido explícito. La lógica detrás de esto es tan fría como cínica: recomiendan buscar mujeres con menos de 50,000 seguidores para evitar problemas legales o atención mediática. Es una cacería de perfiles promedio.
- El alcance es masivo: Se habla de más de 8,000 suscriptores generando medio millón de imágenes y videos.
- Dinero fácil: Los promotores de estas herramientas presumen ingresos que superan los 900,000 pesos mensuales, aprovechándose de la tecnología para lucrar con la dignidad de las mujeres.
- Efecto dominó: Al cerrar una página, surge otra. Es el clásico juego de ‘golpear al topo’, donde el contenido se multiplica más rápido de lo que las plataformas pueden borrar.
El vacío legal y la realidad digital
Aunque en Estados Unidos se han dado pasos, como la ‘Take It Down Act’, la realidad es que la tecnología siempre va tres pasos adelante. Las leyes suelen ser reactivas, y para cuando una víctima logra que una imagen se elimine, el daño ya está hecho y la foto ha sido replicada cientos de veces. En Tantita Tinta nos parece indignante que las plataformas sociales todavía se escuden en directrices técnicas para no actuar con la rapidez necesaria ante este tipo de violencia digital.
MG ha decidido levantar la voz y llevar esto a juicio. Su lucha no es solo por ella, sino por todas las que tenemos una presencia en línea, desde Instagram hasta LinkedIn. La moraleja, aunque amarga, es clara: nuestra privacidad es el activo más valioso que tenemos hoy en día, y este caso nos recuerda que, en el salvaje oeste que es el internet actual, nadie está exento de ser blanco de los depredadores digitales.
Fuente: WIRED en Español