¿Por qué seguimos obsesionados con The Queen is Dead?
En Tantita Tinta sabemos que hay discos que no solo se escuchan, se viven. Y si hablamos de hitos musicales, es imposible no detenernos en The Queen is Dead. Lanzado un 16 de junio de 1986, este tercer álbum de estudio de The Smiths no solo cambió el panorama del rock británico, sino que se convirtió en la biblia personal de cualquier adolescente (y no tan adolescente) que se haya sentido un poquito fuera de lugar.
Si bien el arte es subjetivo, hay algo en la química entre Morrissey y Johnny Marr que difícilmente se ha repetido. Eran los reyes de tomar la depresión, la ansiedad social y el desamor, y convertirlos en himnos pop que podías cantar a todo pulmón mientras ibas en el transporte público o encerrado en tu recámara.
La fórmula secreta de Mánchester
Para entender este disco, hay que ver a sus piezas: Marr, un genio de la guitarra que lograba texturas complejas que se sentían frescas; una base rítmica de lujo con Andy Rourke y Mike Joyce; y, por supuesto, la figura de Morrissey. El vocalista tenía ese don especial para decir lo que todos pensábamos pero nos daba pena admitir.
Aunque el disco salió en 1986, su impacto sigue latente. ¿Sabías que cuando lo lanzaron, el sencillo ‘The Boy With the Thorn in His Side’ nació de un demo que grabaron en un estudio pequeño? La canción es toda una metáfora sobre cómo la industria musical de aquel entonces los ignoraba, como si fueran una espina clavada en la pata de un león, incomprendidos pero necesarios.
Un recorrido por las entrañas de la melancolía
El álbum abre con una crítica directa a la monarquía en el track que le da nombre, pero la verdadera magia ocurre cuando entramos en terrenos emocionales. “I Know It’s Over” es, posiblemente, la canción que más nos ha roto el corazón. Esa línea de “sé que terminó y nunca empezó, pero en mi corazón fue tan real”, es un golpe directo al ego de cualquiera que se ha enamorado de una ilusión.
También tenemos “Bigmouth Strikes Again”, un tema que captura perfecto ese momento en el que dices algo de lo que te arrepientes al instante y la ansiedad te consume por completo. ¿Quién no ha querido esconderse bajo la tierra tras meter la pata en la chamba o con los amigos?
El himno definitivo: “There is a Light That Never Goes Out”
No podemos hablar de este disco sin mencionar esta joya. Para nosotros en Tantita Tinta, esta es la canción que resume la adolescencia: ese deseo desesperado de encontrar a alguien con quien compartir el caos de la vida. Como bien dijo Morrissey, es la esperanza disfrazada de tragedia. Es la creencia de que, a pesar de todo, esa unión mágica es posible.
El disco cierra con la apática “Some Girls are Bigger Than Others”, que baja el ritmo con ese tono irónico tan propio de la banda sobre las conversaciones banales de la clase trabajadora británica.
¿Por qué sigue vigente a 40 años?
A pesar de que el éxito de este álbum fue, irónicamente, el principio del fin para The Smiths, su legado es eterno. Hoy, cuatro décadas después, sus letras siguen siendo tan potentes como el primer día. Son canciones que, a pesar de los años, nos recuerdan que la condición humana es, efectivamente, una mezcla constante de dolor, esperanza y una pizca de drama necesario. Si aún no te has dado el tiempo de escucharlo de principio a fin, hoy es el día perfecto para hacerlo.
Fuente: Sopitas Musica