Un hito visual con sello mexicano
En Tantita Tinta siempre celebramos cuando el talento nacional pone la vara alta en la industria global. Esta vez toca hablar de Soy Frankelda, la primera película mexicana realizada íntegramente en técnica de stop-motion que ha llegado a Netflix para dejarnos con la boca abierta. Y es que, seamos sinceros: hacer cine cuadro por cuadro es una verdadera chamba titánica que requiere una paciencia de santo.
Imagínate a los animadores moviendo milimétricamente cada muñeco para lograr apenas un segundo de acción. Ahora, multiplica eso por una película entera. El resultado visual es, sencillamente, una locura que nos hace cuestionar si realmente estamos viendo marionetas o un hechizo frente a nuestra pantalla.
¿Qué es lo que nos voló la cabeza?
La cinta funciona como una precuela y secuela al mismo tiempo del universo de Los sustos ocultos de Frankelda. Desde que das play, te encuentras con ideas conceptuales que elevan la animación a otro nivel: desde nubes con manos hasta criaturas que se desplazan con una fluidez que parece mentira. En Tantita Tinta estuvimos revisando el trabajo de los hermanos Ambriz y es innegable: su capacidad para crear atmósferas góticas y fantásticas es de clase mundial.
Cuando la forma le gana al fondo
Pero no todo es miel sobre hojuelas. Aunque los ojos se nos llenan de estrellas con cada encuadre, la historia tiene sus tropiezos. El guion se siente, a ratos, atropellado y algo confuso. Es una lástima, porque la premisa es brillante: una defensa a capa y espada de la creatividad humana frente al auge de la inteligencia artificial y la automatización. Es un mensaje poderoso y muy necesario en estos tiempos donde todo parece estandarizado.
A veces, la película se pierde en su propio misticismo y el ritmo se vuelve una montaña rusa que, en ocasiones, nos deja un poco desubicados. Aun así, hay algo que rescatar: el corazón que le pusieron. Se nota que detrás de cada fotograma hubo noches sin dormir, café frío y muchas ganas de marcar un antes y un después.
¿Vale la pena darle una oportunidad?
Absolutamente. Aunque la narrativa no sea redonda, la existencia de esta película es un milagro técnico. Netflix, que a veces nos tiene acostumbrados a producciones visualmente planas, aquí apostó por una visión arriesgada. Siendo honestos, el hecho de que Guillermo del Toro esté respaldando a estos creadores nos dice que el futuro de la animación en México pinta para cosas grandes.
- Calidad técnica: De diez, una joya artesanal.
- Guion: Con áreas de oportunidad y momentos confusos.
- Veredicto: Una pieza visualmente obligatoria, aunque no sea perfecta.
Si eres fan de la animación, de las historias oscuras o simplemente quieres apoyar el talento mexicano que está dando el salto internacional, esta es una parada obligada en tu lista de Netflix. Prepárate para un festín visual y, quizás, para tener un par de dudas existenciales al terminar.
Fuente: Espinof