La sombra de la inseguridad en Sinaloa
En Tantita Tinta siempre nos hemos propuesto mirar más allá de los números fríos, pero hay cifras que, por más que intentemos verlas con objetividad, resultan verdaderamente escalofriantes. Hablamos de la situación que atraviesa Sinaloa y el drástico incremento en las desapariciones registradas desde el inicio de la administración de Rubén Rocha Moya.
Si nos atenemos a los datos fríos de la Comisión Nacional de Búsqueda (CNB), el panorama es de preocupación generalizada: los casos pasaron de 270 a 951 en apenas un periodo de gestión. Esto no es solo una estadística más que se archiva en una computadora, es el reflejo de cientos de familias que hoy atraviesan el calvario de no saber dónde está su ser querido.
¿Qué está pasando realmente en el estado?
Los expertos son claros y el diagnóstico es contundente: no se trata de un hecho aislado, sino de una tormenta perfecta. Según el análisis que realizamos aquí en Tantita Tinta, hay dos factores que parecen estar alimentando esta crisis:
- La escalada de violencia: La lucha por el control territorial y los enfrentamientos entre grupos delictivos han dejado a la ciudadanía en medio de un fuego cruzado que parece no tener fin.
- La debilidad institucional: La falta de mecanismos eficaces de procuración de justicia y un aparato estatal que, a ojos de muchas organizaciones civiles, se ha quedado corto para frenar el fenómeno.
El costo humano detrás de la cifra
Más allá de los 951 casos que reporta la CNB, lo que duele es la impunidad. Cuando una familia pierde a alguien, el gasto administrativo, legal y de búsqueda es insostenible. En muchos casos, las familias deben invertir sus ahorros —que pueden superar los 50 mil o 100 mil pesos mexicanos— simplemente para gestionar trámites básicos o movilizarse en la búsqueda de pistas que las autoridades no logran encontrar.
¿Hay una salida al túnel?
El equipo de Tantita Tinta ha consultado con especialistas en seguridad pública, quienes coinciden en que sin una estrategia que fortalezca el tejido social y, sobre todo, que profesionalice a los cuerpos de seguridad locales, será casi imposible romper esta tendencia. La desaparición de personas no es solo un problema de seguridad, es una llaga abierta en el corazón de Sinaloa que exige una respuesta gubernamental urgente y transparente.
La pregunta que nos queda en el aire, y que lanzamos a nuestra comunidad, es: ¿estamos haciendo lo suficiente para alzar la voz por quienes ya no pueden hacerlo? La seguridad es un derecho que, lamentablemente, hoy se siente como un lujo inalcanzable para muchos.
Fuente: El Universal