Selva por asfalto: El nuevo lío ambiental que rodea al Tren Maya en Cancún

¿Movilidad o más problemas para la selva? El Libramiento Cancún Sur pone a prueba la resistencia del ecosistema

En Tantita Tinta siempre nos ha gustado ir al fondo de las cosas. Esta vez, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) dio luz verde a una nueva pieza del complejo rompecabezas que es el Tren Maya: el Libramiento Vial Cancún Sur. Se trata de una obra de 15.3 kilómetros que pretende conectar la carretera federal 307 con el Aeropuerto Internacional de Cancún. Suena bien en papel, ¿verdad? Pero como siempre, la realidad es mucho más complicada y los impactos ambientales no dejan de acumularse.

¿Qué significa este nuevo trazo para la península?

El proyecto, que tiene una inversión estimada de unos 3,121 millones de pesos mexicanos, contempla intervenir más de 103 hectáreas, de las cuales 67.3 hectáreas corresponden a vegetación forestal que tendrá que ser retirada. El costo ambiental es innegable: estamos hablando de perder una parte importante de selva mediana subperennifolia.

Para Aarón Hernández Siller, director regional del Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA), esta autorización es otro ejemplo de una táctica que hemos visto desde el día uno: la fragmentación del proyecto. Al presentar el Tren Maya como un conjunto de obras aisladas, se vuelve casi imposible evaluar el daño real que causan en conjunto.

Suelo kárstico: El eslabón más débil

Aquí en Tantita Tinta nos preocupa especialmente lo que dice el expediente técnico sobre el suelo kárstico. La península de Yucatán no es cualquier terreno; es una roca caliza, porosa y llena de grietas y cenotes.

  • Riesgo de contaminación: Cualquier derrame de hidrocarburos no solo se queda en la superficie; el suelo poroso permite que los químicos se filtren directo al acuífero.
  • Fragmentación: Las especies que habitan la zona, como el mono araña o el ocelote, se quedan sin caminos naturales para moverse, atrapados entre el asfalto y el concreto.
  • Peligro inminente: La Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) ya había advertido que los pasos de fauna planeados no son suficientes para mantener la conectividad del paisaje.

¿Vale la pena el riesgo?

El argumento oficial es que se necesita ordenar el tráfico y mover mercancías de forma eficiente. Pero, ¿existe una demanda real? Los números no parecen cuadrar. Mientras que la empresa reportó pérdidas operativas millonarias el año pasado, ahora la apuesta se mueve hacia el transporte de carga, un giro que añade peso a una infraestructura que, según expertos, no fue planeada para tales exigencias sobre un terreno tan delicado.

El libramiento busca aliviar el crecimiento turístico, pero deja en el aire la pregunta de si estamos sacrificando el último refugio de selva bien conservada del norte de Quintana Roo por una obra que, hasta ahora, no ha logrado ser el negocio redondo que prometieron.

En el CEMDA siguen evaluando si esta nueva etapa merece un litigio. Mientras tanto, nos toca cuestionarnos: ¿qué precio tiene el agua y la selva cuando el progreso se construye a base de parches?

Fuente: WIRED en Español


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