El hombre que nos hizo temer a los campamentos
Si alguna vez pensaste dos veces antes de ir a acampar o si el sonido de una máscara de hockey te pone los pelos de punta, es momento de dedicarle un minuto de silencio a Victor Miller. El guionista y arquitecto intelectual de la franquicia de terror más icónica de la historia, Viernes 13, ha fallecido a los 86 años. La noticia, que nos ha dejado un hueco en el corazón a los amantes del cine de sustos, fue confirmada tras su deceso ocurrido el pasado 31 de agosto.
En Tantita Tinta sabemos que el cine de terror no sería lo mismo sin el legado de Miller. Él fue el encargado de poner los cimientos de una historia que, al principio, nació con una misión clara: subirse a la ola de éxito que había dejado Halloween de John Carpenter. Pero, ¿cómo lograr que el público no sintiera que estaba viendo lo mismo? Miller tenía un as bajo la manga.
De la idea al fenómeno cultural
Cuando Miller redactó el guion a finales de los setenta, no buscaba una franquicia multimillonaria, buscaba tensión pura. Imaginó un grupo de jóvenes aislados en un campamento de verano, un escenario que para muchos mexicanos suena a diversión, pero que tras su pluma se convirtió en una trampa mortal. Lo fascinante es que, en su visión original, Jason Voorhees no era el gigante musculoso que todos conocemos, sino un niño pequeño que moría ahogado. Fue el tiempo y las secuelas quienes le dieron esa máscara de hockey que hoy cuesta alrededor de 300 a 500 pesos en cualquier tienda de disfraces, pero que en el imaginario colectivo vale una fortuna por su peso cultural.
Para nosotros en Tantita Tinta, lo más rescatable de Miller no es solo el susto fácil, sino cómo logró consolidar los “tropos” que hoy vemos en cualquier película de horror adolescente: el aislamiento, las malas decisiones de los personajes y, por supuesto, ese asesino implacable que parece no cansarse nunca.
¿Por qué sigue dándonos miedo Jason?
La influencia de Miller trasciende las pantallas. Películas actuales como Campamento Miasma siguen usando la estructura que él perfeccionó, demostrando que su narrativa es un lenguaje universal del miedo. Miller no solo escribió un guion, escribió un manual de cómo aterrorizar a generaciones completas.
Resulta irónico pensar que un hombre con una mente tan enfocada en el terror haya dejado un hueco tan real y sensible en el mundo del cine. Su partida marca el cierre de una era dorada, pero como bien sabemos en el cine de horror, las leyendas nunca mueren de verdad; simplemente esperan el momento adecuado para volver a aparecer.
Desde nuestro equipo, le decimos adiós a un hombre que transformó los viernes por la noche en una tradición de palomitas, oscuridad y muchos saltos en el sillón.
Fuente: Sopitas Cine y TV