¿Prohibir las redes sociales a menores? La ciencia dice que nos falta mucho por entender

¿La solución definitiva o un salto al vacío?

En Tantita Tinta sabemos que el debate sobre el tiempo que pasan los menores en sus celulares es el pan de cada día en las mesas familiares. Pero, ¿realmente prohibirles el acceso a las redes sociales es la panacea para cuidar su salud mental? La respuesta, según un grupo de investigadores de la Universidad de California, es mucho más gris de lo que nos quieren vender.

Recientemente, el mundo ha visto una oleada de países —desde Australia hasta naciones europeas y propuestas locales en México— que buscan poner candados digitales a menores de 16 años. La idea suena lógica: si las redes son adictivas, simplemente hay que cerrar la llave. Sin embargo, los expertos advierten que esta es una “intervención no probada” que podría traer más problemas que soluciones.

Lo que dice la ciencia (y lo que le falta decir)

Tras analizar 40 estudios experimentales, los investigadores Candice Odgers, Stephen Schueller y Monika Neff Lind lanzaron una advertencia clara: no existe evidencia científica sólida que respalde que desconectar a los jóvenes mejore su bienestar. De hecho, gran parte de los estudios revisados duraron apenas unos días (un promedio de 16.3 días), lo cual es insuficiente para sacar conclusiones definitivas sobre el comportamiento humano a largo plazo.

Para ponerlo en contexto, las investigaciones con adultos han mostrado resultados mixtos: en el 40% de los casos, las restricciones no solo no ayudaron, sino que provocaron mayor soledad o una menor satisfacción con la vida. ¿Queremos aplicar eso a nuestros hijos sin saber si funcionará?

El diseño adictivo: el verdadero villano de la película

Aquí en Tantita Tinta nos cuestionamos: si las leyes se enfocan solo en la edad, ¿estamos ignorando la raíz del problema? Abogados y expertos en tecnología, como Paloma Llaneza, señalan que las plataformas están diseñadas a propósito para atrapar nuestra atención con funciones como el scroll infinito, la reproducción automática y los famosos contadores de ‘me gusta’.

Mientras que en Europa se discuten legislaciones para frenar los abusos de la Inteligencia Artificial —incluyendo el combate a los deepfakes sexuales—, muchos especialistas sugieren que, más que prohibir el acceso, deberíamos presionar para que las empresas de tecnología cambien sus algoritmos. No se trata solo de quitarles el teléfono, sino de exigir entornos digitales menos depredadores.

¿Entonces, qué hacemos?

La postura de los expertos no es de brazos cruzados. Josep Maria Suelves, del Behavioural Design Lab, enfatiza que el tiempo que un menor pasa en redes sociales es tiempo que le quita al deporte, al descanso o a convivir cara a cara con sus amigos. La solución no es necesariamente un apagón digital, sino:

  • Limitar contenidos dañinos: Filtrar información falsa, promoción de dietas extremas o conductas violentas.
  • Regular el diseño adictivo: Obligar a las plataformas a eliminar las tácticas que explotan la vulnerabilidad cognitiva adolescente.
  • Educar, no solo restringir: Fomentar un uso consciente en lugar de simplemente prohibir el acceso.

Al final del día, legislar basándonos en el miedo sin tener datos contundentes puede ser un error costoso. Como bien apuntan los investigadores, necesitamos políticas basadas en evidencia, no solo en la urgencia política de turno. ¿Tú qué opinas? ¿Crees que una prohibición funcionaría en tu casa o el problema está en cómo están diseñadas estas apps?

Fuente: WIRED en Español

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