El terror que no necesita monstruos
Si has sentido un escalofrío al caminar por un pasillo de hotel vacío o al entrar a una oficina fuera de horario, ya conoces el horror liminal. En Tantita Tinta hemos notado que este fenómeno, que comenzó como un nicho de internet, se ha convertido en el protagonista absoluto de la taquilla mundial en 2026. ¿Cómo es posible que espacios desolados y silenciosos estén generando millones de pesos en los cines?
Todo se resume en dos nombres clave: Kane Parsons (20 años) y Curry Barker (26 años). Con sus películas Backrooms y Obsesión, estos cineastas de la Generación Z no solo conquistaron al público, sino que le dieron una bofetada a quienes decían que el cine estaba muriendo. Estamos hablando de producciones que transformaron presupuestos modestos —aproximadamente 190 millones de pesos para Backrooms y unos 14 millones de pesos para Obsesión— en éxitos masivos de más de 2 mil millones de pesos acumulados en taquilla internacional.
¿Qué rayos es el horror liminal?
La palabra viene del latín limen, que significa ‘umbral’. Básicamente, son esos lugares de transición: un pasillo, una sala de espera, un lobby de hotel a las tres de la mañana. Son sitios que parecen suspendidos en el tiempo, sin gente y con una vibra que nos dice que algo no cuadra. No hay un asesino con hacha ni un fantasma gritando; el horror aquí es la incertidumbre.
En Tantita Tinta creemos que lo que hace a este género tan adictivo es que utiliza el ‘valle inquietante’ (ese efecto donde algo parece real pero se siente ‘descompuesto’) para hacernos sentir que somos intrusos en nuestra propia realidad. No es solo miedo, es una incomodidad profunda que se siente en la boca del estómago.
Backrooms: El trauma hecho laberinto
Más allá de los memes, el concepto de los Backrooms nos plantea una idea fascinante: el cine como reflejo de una memoria colectiva. La película nos presenta a Clark, un hombre atrapado no solo en un laberinto de oficinas infinitas, sino en sus propios traumas. La cinta sugiere que estos espacios no son errores de la realidad, sino contenedores de aquello que nos negamos a procesar.
¿Por qué la Generación Z conecta tanto con esto? Quizás porque el internet ha sido su casa y estos espacios liminales se sienten como el glitch de un videojuego que todos hemos experimentado alguna vez. Es la sensación de estar en un lugar que nos resulta familiar, pero donde, por alguna razón, no deberíamos estar.
No es algo nuevo, solo es nuevo el formato
Aunque nos parezca una novedad de TikTok o YouTube, este estilo tiene sus raíces en maestros como David Lynch, con sus atmósferas oníricas en obras como Lost Highway, o en clásicos del cine japonés que han jugado con la arquitectura y el terror durante décadas. Lo que han hecho Parsons y Barker es tomar esa tradición analógica y filtrarla por la estética digital que todos conocemos.
El equipo de Tantita Tinta está convencido: el éxito de estas películas nos enseña que el público no quiere siempre lo mismo. Queremos incomodarnos, queremos cuestionar nuestro entorno y, sobre todo, queremos ver reflejados nuestros miedos internos en la pantalla grande. Al final del día, los Backrooms son un recordatorio de que a veces el espacio más terrorífico es aquel en el que nos quedamos atrapados sin darnos cuenta.
Fuente: Sopitas Cine y TV