El trabajo que sostiene al mundo por fin tiene un marco legal
En Tantita Tinta sabemos que si algo mantiene a nuestra sociedad funcionando, es ese trabajo invisible que ocurre dentro de casa. Cocinar, limpiar, cuidar a los niños, atender a nuestros adultos mayores o apoyar a quienes viven con alguna discapacidad son labores que sostienen la vida misma. Sin embargo, durante décadas, esta “chamba” ha sido ignorada, malpagada y, sobre todo, cargada casi exclusivamente en los hombros de las mujeres.
Recientemente, la jefa de Gobierno, Clara Brugada, promulgó la Ley de Sistema de Cuidados de la Ciudad de México. Pero, ¿qué significa realmente este cambio? ¿Es solo un papel firmado o hay un compromiso profundo? Aquí en Tantita Tinta nos dimos a la tarea de desmenuzar qué onda con esta iniciativa y por qué tiene a todo el mundo hablando de una “perspectiva feminista”.
¿Por qué una perspectiva feminista?
Para entender esta ley, primero hay que entender el problema. Históricamente, el trabajo doméstico y de cuidado no se considera “productivo” en términos económicos tradicionales, aunque es vital. Al ser un trabajo no remunerado, muchas mujeres han tenido que sacrificar su desarrollo profesional, su tiempo libre y, a veces, su salud mental. La “perspectiva feminista” que menciona Brugada no es solo una etiqueta; es el reconocimiento de que el cuidado no debe ser una carga de género.
La estrategia que plantea el gobierno local busca cumplir con tres ejes fundamentales: reducir, repartir y redistribuir. La meta es clara: que la responsabilidad de cuidar no sea solo de la familia (o de la mujer de la casa), sino que el Estado también entre al quite para que esto deje de ser un sacrificio personal y se convierta en un derecho humano universal.
¿En qué nos afecta esta nueva ley?
Imagina un escenario donde el tiempo que dedicas a cuidar a alguien no te cueste tu propia estabilidad financiera. La ley promete que, al reconocer esto como un derecho, las instituciones públicas tendrán que crear infraestructura y servicios que liberen a las mujeres de esa exclusividad en las labores de casa. Esto, en teoría, debería traducirse en más espacios, guarderías y programas de apoyo integral.
En Tantita Tinta creemos que el impacto podría ser enorme. Si logramos reducir la brecha de desigualdad, las mujeres tendrán más oportunidad de participar en el mercado laboral bajo condiciones dignas, sin que el cuidado sea el impedimento para su crecimiento.
¡Ojo con el detalle! El reto está en la ejecución
Aunque la intención suena bien, el equipo de Tantita Tinta pone un punto de atención: la trampa podría estar en la ejecución. Si los nuevos servicios que el Estado prometió terminan recayendo nuevamente en voluntarias o profesionales (que en su mayoría también son mujeres) sin una retribución justa, estaríamos cayendo en el mismo vicio de siempre. El verdadero cambio sucederá cuando el sistema deje de utilizar el trabajo “invisible” de las mujeres para llenar sus vacíos de gestión.
Estaremos muy pendientes de cómo se aplican los presupuestos y si, efectivamente, esta ley se traduce en acciones tangibles que cambien el día a día de las familias capitalinas. Por ahora, es un paso necesario para reconocer que cuidar es, sin lugar a dudas, un trabajo de tiempo completo.
Fuente: Sopitas Geek