¡Paren todo! OpenAI asegura haber resuelto un enigma matemático histórico, pero ya le cayó la sombra del plagio

¿La Inteligencia Artificial conquistó las matemáticas o se armó el lío por derechos de autor?

En el equipo de Tantita Tinta nos encanta seguirle la pista a los avances tecnológicos que prometen cambiar el rumbo de la humanidad, pero la verdad es que este nuevo capítulo parece sacado de una buena telenovela científica. Resulta que OpenAI acaba de presumir un logro monumental: la supuesta resolución de uno de los problemas matemáticos más complejos y elusivos de los últimos 90 años. Sin embargo, antes de que pudieran destapar la champaña y cobrar el jugoso cheque, el drama ya se hizo presente.

Pero vámonos por partes, porque este asunto involucra ecuaciones imposibles, premios millonarios y reclamos que ponen sobre la mesa el eterno dilema de cómo aprenden las inteligencias artificiales.

El misterio de las ecuaciones de Navier-Stokes y su premio de a millón

Para entender el tamaño del alboroto, hay que viajar al terreno de los llamados Problemas del Milenio. El Clay Mathematics Institute ofrece una recompensa de 1 millón de dólares (unos 20 millones de pesos mexicanos, ¡casi nada!) a quien logre resolver cualquiera de estos acertijos matemáticos. Uno de ellos es el de la existencia y suavidad de las ecuaciones de Navier-Stokes.

¿Qué rayos es eso? Tranquilo, no necesitas sacar la calculadora de la prepa. Estas ecuaciones se usan básicamente para describir cómo se mueven los fluidos, ya sea el agua de un río o el aire que rodea la carrocería de una computadora… perdón, de un avión. El verdadero coco de los matemáticos era saber si estas fórmulas siempre se mantienen estables o si, en algún punto, producen una singularidad, es decir, un desgarre donde la velocidad del fluido crece sin límite.

Resolver esto no es solo un capricho de genios encerrados en una recámara; tiene aplicaciones directas en la meteorología para mejorar los pronósticos del clima, en la aeronáutica y hasta en el estudio del flujo sanguíneo en nuestro cuerpo.

La proeza de la Inteligencia Artificial: ¿Trabajo en equipo o trampa?

De acuerdo con la información compartida por la empresa de Sam Altman, uno de sus modelos internos más avanzados —mucho más potente que versiones comerciales anteriores— se puso a jalar en equipo junto con un sistema de agentes virtuales.

Para llegar al resultado, la IA coordinó a unos 10 mil agentes trabajando de manera simultánea durante unas 88 horas continuas. Después, otra herramienta tardó otras 17 horas en verificar la demostración paso a paso. El producto final fue un documento de unas 165 páginas que sostiene que un fluido suave puede desarrollar una singularidad en un tiempo finito.

La hazaña dio la vuelta al mundo digital, pero la celebración duró menos que sueldo en quincena. Dos investigadores, Tristan Buckmaster (de la Universidad de Nueva York) y Levent Alpöge (de Anthropic), alzaron la mano para decir: ‘Espérense tantito, ahí hay gato encerrado’.

Las sospechas y la respuesta de OpenAI

El problema es que Buckmaster y Alpöge llevaban tiempo investigando una ruta muy similar, apoyándose en trabajos previos de matemáticos españoles. Lo picante del asunto es que ambos investigadores confesaron haber utilizado herramientas de OpenAI, específicamente Codex, para echar a andar sus propios borradores y charlar sobre sus avances.

La duda razonable saltó de inmediato: ¿pudo el modelo de OpenAI alimentarse de esas conversaciones para llegar a la solución antes que nadie? Aunque el propio Buckmaster ha sido prudente al aclarar que no está acusando directamente de plagio a la compañía —porque no tiene la certeza absoluta—, sí dejó ver su inquietud sobre cómo la empresa obtuvo su resultado.

Por su parte, OpenAI se ha defendido negando categóricamente que sus investigadores o agentes hayan tenido acceso al trabajo privado de estos matemáticos. Eso sí, con la boca chiquita reconocieron que, aunque es poco probable, no pueden descartar al 100% que datos desidentificados derivados del uso general de sus plataformas hayan terminado por afinar sus algoritmos.

¿Qué sigue en este ciberdrama?

Para nosotros en Tantita Tinta la moraleja es clara: la tecnología avanza a pasos agigantados, pero la ética digital y la propiedad intelectual siguen siendo un terreno pantanoso. Ahora la última palabra la tiene la comunidad matemática global, la cual tendrá que revisar con lupa esas 165 páginas para confirmar si el algoritmo realmente hizo historia o si nomás nos armaron un buen lío mediático.

Fuente: Sopitas Geek


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