¿La IA es el fin del arte cinematográfico? Kane Parsons tiene algo que decirnos
En las últimas semanas, el mundo del séptimo arte ha vivido un auténtico terremoto. Primero, nos quedamos con el ojo cuadrado al enterarnos de que Martin Scorsese —sí, la leyenda viviente— ha coqueteado con herramientas de inteligencia artificial para sus nuevas producciones. Para muchos, esto se siente como una traición al trabajo artesanal que ha definido al cine durante décadas; para otros, es solo el avance natural de la tecnología. Pero, ¿qué pasa cuando cambiamos la perspectiva de un veterano de 50 años de carrera por la visión de alguien que apenas comienza?
En Tantita Tinta, nos pusimos a analizar la otra cara de la moneda: la de Kane Parsons. Quizá su nombre no te suene tanto como el de un director de Hollywood, pero si te decimos que este joven de apenas 20 años es el responsable del fenómeno viral Backrooms y que fue fichado por A24, seguro ya sabes de quién hablamos. A diferencia de las grandes cúpulas de la industria, Parsons tiene una postura que nos hace reflexionar sobre hacia dónde vamos.
¿Para qué usarla si le quita la magia?
En una reciente charla con medios internacionales, Parsons fue tajante: usar inteligencia artificial para crear cine le parece una contradicción absoluta. Según el joven director, esta tecnología le quita el sentido a la experiencia de contar historias. Para él, el cine es un proceso humano, de ensayo y error, de visión artística, y dejar que una máquina rellene los huecos es, en sus palabras, perder la esencia del oficio.
Si bien reconoce que la IA ya es parte de nuestra realidad —imagina caminar por las calles de la CDMX y ver anuncios creados por algoritmos en lugar de diseñadores—, él no la ve como una innovación positiva. “Se siente menos como una evolución y más como un síntoma de un colapso cultural y económico”, sentenció. ¡Un golpe directo al mentón de los entusiastas de Silicon Valley!
Un punto medio (pero con límites)
Ojo, Parsons tampoco es un ludita que quiera quemar los servidores. Él entiende que, en la producción moderna, los costos de efectos visuales (VFX) son astronómicos. Si una película de gran presupuesto cuesta, por ejemplo, unos 200 millones de dólares (lo que equivaldría a casi 3 mil 400 millones de pesos mexicanos), la presión por recortar gastos es real. Parsons admite que la IA podría tener un espacio útil para agilizar tareas técnicas sumamente tediosas y hacer que el proceso sea menos laborioso, pero de ahí a usarla para reemplazar la chispa creativa, hay un abismo.
Más que usarla, hay que cuestionarla
Lo que realmente nos vuela la cabeza de la postura de Kane es su enfoque. En lugar de usar la IA para hacer sus películas más rápido o barato, él quiere usarla como objeto de estudio. Para Parsons, la IA es el villano o el tema central que debemos diseccionar en pantalla. Él prefiere explorar qué significa este ‘colapso’ a través de sus historias, en lugar de permitir que los algoritmos dicten cómo debe verse el cine.
La pregunta queda en el aire: ¿estamos ante el declive de la creatividad humana o ante una nueva herramienta que simplemente no sabemos usar todavía? Mientras grandes estudios invierten millones de pesos en licencias de software generativo, cineastas como Parsons nos recuerdan que, al final del día, lo que conecta con la audiencia es la sangre, el sudor y las lágrimas detrás de cada cuadro. En Tantita Tinta seguiremos muy de cerca este debate, porque el futuro del cine se está escribiendo —literalmente— justo ahora.
Fuente: Sopitas Cine y TV