Más allá de la fiesta: Cuando las Madres Buscadoras llevaron el dolor y la lucha al Pride

La resistencia en medio del arcoíris

Cuando pensamos en el mes del Pride, lo primero que nos llega a la mente son las carrozas, el glitter, la música a todo volumen y la celebración de la identidad. Sin embargo, para una parte significativa de la comunidad, el Pride es mucho más que una fiesta; es un espacio de trinchera. En Tantita Tinta, nos detuvimos a observar un ángulo que a menudo queda opacado por el confeti: la presencia de las madres buscadoras que caminaron este año bajo el estandarte de la diversidad.

Entre la multitud que inundó las calles, destacó una consigna que nos recordó que la crisis de desaparecidos en México no discrimina, pero que en el caso de las personas trans, la violencia se cruza con prejuicios que complican aún más el camino a la justicia.

“Busco a Lilith Saori”: La consigna que cimbró la marcha

Caminar por las calles del centro de la capital con una fotografía en la mano y el nombre de una hija en los labios es un acto de valentía que rebasa cualquier capacidad de resiliencia humana. “Busco a Lilith Saori, mi hermosa hija trans”, se leía en los carteles. Esta no es solo una frase, es un grito desesperado en un país donde la búsqueda de justicia se siente, muchas veces, como nadar contra corriente.

Para nosotras y nosotros en el equipo de Tantita Tinta, resulta fundamental visibilizar que, aunque el ambiente sea de celebración, para estas madres el Pride es un altavoz. Ellas aprovecharon la visibilidad de la marcha para exigir lo que el Estado les ha quedado a deber: la búsqueda efectiva y la verdad sobre el paradero de sus seres queridos.

El costo de la identidad y la violencia sistémica

El problema no es menor. Las personas trans se enfrentan a niveles de violencia desproporcionados en nuestro país. Cuando una persona trans desaparece, la respuesta de las autoridades suele ser lenta y, en el peor de los casos, marcada por la transfobia que invisibiliza a la víctima. Las madres buscadoras que se sumaron a la movilización no solo exigieron justicia por sus hijas e hijos; también pusieron sobre la mesa la necesidad de protocolos de búsqueda con perspectiva de género y diversidad sexual.

  • Justicia sin etiquetas: La exigencia de que se busque a todas las personas desaparecidas sin distinción de género.
  • Protocolos especializados: La necesidad urgente de que el Ministerio Público no minimice las denuncias basadas en la identidad de las víctimas.
  • Solidaridad en la calle: Cómo el apoyo de la comunidad LGBT+ refuerza una lucha que no debería ser solitaria.

¿Qué sigue después del Pride?

Pasada la fiesta, el reto es mayúsculo. En Tantita Tinta reflexionamos sobre cómo mantener la llama de estas causas encendida. La justicia no debe ser una cuestión de un mes al año; la búsqueda de Lilith Saori y tantas otras personas continúa cada día, en cada oficina gubernamental y en cada predio que las madres siguen peinando con sus propias manos.

La presencia de estas mujeres en el Pride nos deja una lección contundente: la lucha por los derechos humanos es una sola. Cuando una madre busca, nos busca a todas y a todos. Que el eco de esta marcha no se pierda en el ruido del día a día, porque la justicia, en México, todavía tiene una cuenta pendiente con quienes tienen el valor de no rendirse nunca.

Fuente: El Universal


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