El antepasado de nuestras pasiones deportivas
Si ahorita te emocionas con los partidos de la selección o te desvelas siguiendo cada jugada, tienes que saber que en México llevamos el deporte en el ADN desde hace milenios. En Tantita Tinta nos pusimos a investigar sobre el famoso juego de pelota prehispánico, y créenos: es mucho más intenso que cualquier final de copa que hayas visto en la tele.
¿Deporte o ritual divino?
Aunque hoy el fútbol es entretenimiento y negocio, el ollamaliztli (mexicas), pok-ta-pok (mayas) o pitz era una cuestión de vida o muerte. Literalmente. Este juego no era solo para ver quién anotaba más; era una representación cósmica donde los jugadores conectaban con los dioses. Aquí no se trataba de meter gol para el pase a cuartos, se trataba de honrar a las deidades y mantener el orden del universo.
Las reglas del juego: nada de manos
Olvídate de tocar el balón como en el soccer. En el juego prehispánico, las reglas eran brutales:
- Prohibido usar manos, pies o cabeza: Todo era con hombros, codos, rodillas y caderas.
- Peso pesado: La pelota de caucho pesaba unos 4 kilos. Imagínate el impacto si te pegaba un golpe, y todo para que no tocara el suelo.
- El objetivo: Hacer pasar esa pesada esfera por unos aros verticales de piedra empotrados en los muros.
Si la pelota tocaba el piso o salía de la cancha, se penalizaba. Y sí, el peligro era real; se dice que los sacrificios eran parte del clímax ritual, un honor supremo que cerraba el ciclo sagrado del juego.
La herencia de “la gente del país de hule”
Los olmecas, allá por el año 1,400 a.C., fueron los genios que inventaron esto mezclando látex del árbol de hule. La cancha más antigua descubierta está en Paso de la Amada, Chiapas. Para estas culturas, la pelota representaba el movimiento de los astros (sol, luna, Venus) y la eterna lucha entre la luz y la oscuridad. Incluso el Popol Vuh, el libro sagrado de los mayas, narra cómo la creación de la humanidad está ligada a este deporte.
¿Y el dinero? Se apostaba fuerte
Como en todo buen evento deportivo, las apuestas no faltaban. Los mexicas, que lo tomaban como algo más recreativo y profesional, se jugaban de todo: mantas de algodón, plumas preciosas, joyas, cacao (que era la moneda de cambio de la época) y hasta propiedades. Haciendo un cálculo aproximado a valores actuales, las apuestas podían alcanzar montos equivalentes a cientos de miles de pesos mexicanos, dependiendo de la importancia del encuentro y el estatus de los jugadores.
¿Se sigue jugando hoy?
¡Claro que sí! Aunque ya sin los sacrificios humanos, el juego ha sobrevivido bajo el nombre de Ulama. Si quieres verlo en vivo, todavía se practica en estados como Sinaloa, Nayarit, Michoacán y Guerrero. Incluso en la Ciudad de México, el Faro Azcapotzalco Xochicalli es un punto clave donde se organizan partidos y talleres para que no se pierda esta tradición.
En Tantita Tinta nos encanta ver cómo nuestras raíces siguen vivas. El fútbol y el juego de pelota son, en el fondo, dos formas de celebrar nuestra capacidad física y nuestra cultura. La próxima vez que veas un partido, recuerda que debajo de la cancha moderna, late la historia de una civilización que entendió el deporte como una conexión sagrada.
Fuente: Sopitas Cosas