La maternidad y el lado oscuro que la sociedad prefiere ignorar
“Donde hay muchas mujeres, hay muchas brujas”. Esta frase, extraída del documental Witches de Elizabeth Sankey, nos da una cachetada de realidad sobre cómo hemos etiquetado históricamente a las madres que se salen del guion. En Tantita Tinta nos hemos detenido a analizar cómo el cine y la televisión han construido un concepto de maternidad aspiracional, donde la perfección es la única opción y cualquier grieta en la salud mental de una mujer se traduce, peligrosamente, en “locura” o “maldad”.
Sankey, tras vivir en carne propia una crisis después del nacimiento de su primer hijo, admite algo que nos pone los pelos de punta: si no hubiera recibido apoyo inmediato, probablemente habría terminado haciéndose daño a sí misma o a su bebé. Y es que, en el imaginario colectivo, la madre debe ser un ser de luz, abnegado y, sobre todo, incapaz de dudar. Pero, ¿qué pasa cuando la realidad es otra?
El caso Lindsay Clancy: Cuando la tragedia toca la puerta
El debate no es solo teórico; es una herida abierta. El caso de Lindsay Clancy, quien en 2023 terminó con la vida de sus tres hijos antes de intentar quitarse la vida, ha sacudido al mundo. Actualmente, en medio de su juicio, la defensa sostiene que Clancy sufrió una psicosis posparto que le dictaba qué hacer. A pesar de haber buscado ayuda profesional, haber intentado entrar a tratamientos intensivos y haber pasado por hospitales psiquiátricos, el sistema le falló.
La fiscalía insiste en la responsabilidad penal, pero el exesposo de Clancy ha testificado sobre cómo el declive fue súbito y aterrador tras un cambio en su medicación. Estamos hablando de una crisis que terminó en tragedia, pero que subraya una verdad incómoda: el sistema de salud a veces trata estos temas como un debate moral y no como una emergencia médica real.
La “madre perfecta” y el monstruo de la salud mental
En Tantita Tinta creemos que es momento de hablar claro. La maternidad, en nuestra cultura, se ha vendido como una vocación sagrada donde el sacrificio es la única medida del amor. Esto crea una presión asfixiante. Si una madre se atreve a decir que extraña su vida anterior o que está cansada, el juicio social es inmediato y feroz.
Por años, el cine ha retratado esta ruptura del “deber ser” como algo sobrenatural: brujas, alienígenas o mujeres poseídas. Es más fácil culpar a un demonio que aceptar que una mujer está lidiando con un trastorno clínico. Como dice Barbara Creed en The Monstrous-Feminine, la sociedad castiga la ruptura del rol maternal tachándola de “monstruosa”.
Lo que dice la ciencia (y el costo de ignorarlo)
Es vital diferenciar los conceptos:
- Baby blues: Esos cambios de ánimo leves y pasajeros que muchas experimentan por el agotamiento.
- Depresión posparto: Un trastorno serio que involucra ansiedad, tristeza y fatiga extrema, que impide el cuidado básico.
- Psicosis posparto: Una emergencia psiquiátrica real que requiere hospitalización inmediata por riesgo de autolesión o infanticidio.
El costo de ignorar esto es altísimo. Incluso celebridades como Hayden Panettiere han visto cómo marcas cancelan contratos millonarios por el simple hecho de hablar de su depresión, invocando “cláusulas de moralidad”. Es increíble que en pleno siglo XXI sigamos priorizando una fachada de perfección sobre la salud de una mujer.
Rompiendo el mito en pantalla
Afortunadamente, el cine está cambiando. Películas como Tully, Nightbitch o The Lost Daughter nos están mostrando la maternidad desde el cansancio real, el aislamiento y la pérdida de identidad. Ya no se trata de brujas, sino de mujeres que, al ceder ante la presión de ser “solo madres”, se encuentran al borde del abismo. No hay redención mágica aquí; hay una necesidad urgente de cambiar el sistema.
La crianza no debe recaer solo en una persona. Necesitamos dejar de romantizar el sacrificio y empezar a exigir una cultura de crianza colectiva y, sobre todo, atención médica inmediata. Romper el mito de la madre perfecta no es un ataque a la maternidad, es la única forma de salvar vidas. Porque la salud mental nunca, bajo ninguna circunstancia, debe ser tratada como una falla moral.
Fuente: Sopitas Cosas