Una alerta que enciende las alarmas globales
Para quienes pensábamos que la pesadilla de las emergencias sanitarias globales se había quedado en el pasado, la realidad nos sacude con fuerza. En Tantita Tinta analizamos la advertencia lanzada por especialistas internacionales, quienes aseguran que el actual brote de ébola en la República Democrática del Congo (RDC) es, sin duda, el evento epidemiológico más aterrador que hemos visto desde la crisis del COVID-19.
Desde el pasado mes de mayo, más de 7,000 personas se han contagiado con la cepa de ébola de Bundibugyo. Lo más alarmante es que aproximadamente la mitad de los pacientes han perdido la vida, según cifras oficiales recopiladas por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Lejos de ser un problema aislado, las condiciones actuales están creando la tormenta perfecta para que este virus se salga de control.
El brote que avanza a toda velocidad
Nicole Lurie, directora ejecutiva de preparación y respuesta en la Coalición para las Innovaciones en Preparación ante Epidemias (CEPI), no escatima en palabras para describir la gravedad del asunto. De acuerdo con la especialista, este es el brote de ébola de crecimiento más acelerado jamás registrado.
Aunque en lugares como Uganda las autoridades sanitarias lograron frenar la expansión mediante un riguroso rastreo de contactos y aislamiento clínico, la situación en la vecina RDC es completamente distinta. Millones de personas se encuentran desplazadas debido a la violencia constante en la zona. Esta inestabilidad convierte la labor de rastreo en una verdadera pesadilla logística.
Además, el panorama se complica aún más por el rechazo y la desconfianza hacia el personal humanitario. En repetidas ocasiones, pobladores locales han atacado a voluntarios de la Cruz Roja, destruido ambulancias y obstaculizado los protocolos de entierro seguro. «No creo que podamos poner fin a esto sin una vacuna», sentencia Lurie.
Una carrera contra reloj impulsada por la ciencia
Ante este panorama desolador, la respuesta científica no se ha hecho esperar. Poco después de que se encendieran las alertas en mayo, la CEPI redirigió unos 2,000 millones de pesos (equivalentes a 100 millones de dólares) para acelerar el desarrollo de vacunas. Gracias a esta inyección de recursos, científicos del Serum Institute of India comenzaron a fabricar a velocidad récord las dosis de la vacuna ChAdOx1 BDBV, desarrollada por la Universidad de Oxford.
A esta iniciativa se suma la farmacéutica Moderna con su propia candidata. Ambas vacunas ya superaron la fase de ensayos de seguridad y se espera que las pruebas de eficacia inicien este mismo mes. Sin embargo, la investigadora Teresa Lambe advierte sobre otro obstáculo monumental: la resistencia comunitaria. «Incluso si conseguimos vacunas fabulosas, la gran pregunta es: ¿se van a querer vacunar?», cuestiona.
Un esfuerzo fragmentado y con fondos al límite
A diferencia del COVID-19, donde el mundo entero se detuvo y adoptó confinamientos masivos, hoy la vida cotidiana sigue su curso. «No estamos en una situación en la que la gente sepa o se preocupe por lo que ocurre en la RDC… No todos estamos remando en la misma dirección», lamenta Lambe, quien confiesa no haber tomado un solo día de descanso desde mayo.
Por si fuera poco, las organizaciones de respuesta internacional enfrentan una severa escasez de personal y suministros médicos básicos —como cubrebocas, gel antibacterial y pruebas de diagnóstico— tras los recortes a la ayuda exterior y los cambios en las políticas de potencias globales.
Para cerrar con broche de oro este panorama cuesta arriba, la CEPI advierte que sus fondos para combatir el ébola se agotarán en el mes de diciembre a menos que los gobiernos del mundo se toquen el corazón y abran la cartera. Como bien recuerda Lurie sobre la epidemia de 2014-2016 en África Occidental, el costo del pánico y de una respuesta tardía siempre es infinitamente mayor. En Tantita Tinta seguiremos de cerca el desarrollo de esta crisis sanitaria.
Fuente: WIRED en Español