Una noche donde el pop sueco conquistó el Domo de Cobre
El fin de semana pasado, la Ciudad de México vivió una de esas postales contrastantes que solo nuestra hermosa y caótica capital nos puede regalar. Mientras a unos cuantos metros el Estadio GNP Seguros vibraba con un fiestón de corridos tumbados, el Palacio de los Deportes se transformó en el epicentro absoluto del pop alternativo mundial. Para nosotros en Tantita Tinta, la elección estaba más que clara: nos lanzamos a presenciar lo que fácilmente podría coronarse como el mejor concierto pop del año en tierras chilangas.
El ambiente en los pasillos del recinto era inmejorable. Desde temprano se notaba la vibra: miradas llenas de lentejuelas, maquillaje brillante y una energía electrizante que dejaba claro que la espera valió cada maldito segundo. Estamos hablando de dos leyendas vivas de la música sueca que, por distintas razones, tardaron años —¡décadas, literal!— en regalarnos una noche juntas en nuestro país.
Lykke Li: Nostalgia pura y una sorpresa muy mexicana
La encargada de romper el hielo y encender los ánimos fue la guapa Lykke Li. Aunque para muchos sus 45 minutos en el escenario y 11 canciones supieron a poco, la artista sueca armó un set inolvidable. Respaldada por una banda completa, logró tejer una atmósfera tan íntima como melancólica, perfecta para arrancar la velada.
El momento cumbre de su participación llegó cuando, con el corazón en la mano, se animó a interpretar en español una versión conmovedora de “Cucurrucucú Paloma”, arrancando los suspiros de toda la pista. Obviamente no faltaron clásicos modernos como “Possibility” (sí, la de la trilogía de Twilight que nos destruyó la adolescencia) y un cierre apoteósico con “I Follow Rivers”, poniendo a saltar a todo el domo sin piedad.
El preámbulo drag y la llegada triunfal de Robyn
Lejos de que la energía decayera, el intermedio se puso sabroso con un show drag que mantuvo la euforia a tope en las gradas y la pista. Tras esa dosis de fiesta, llegó el momento histórico: por primera vez en la historia, Robyn pisaba suelo mexicano para dar un concierto en solitario.
Con un español improvisado pero lleno de cariño, la cantante soltó un grito de guerra: “¡Es hora de perrear!”. Las enormes cortinas blancas cayeron y Robyn apareció imponente, lista para comerse el escenario. La alemana —bueno, sueca, ¡estamos divagando de la emoción!— demostró por qué es una superestrella de categoría mundial, cantando y bailando a una intensidad alucinante sin perder el aire ni una sola nota.
- Un setlist de infarto: 21 canciones que incluyeron remixes, rolas nuevas y la poderosa colaboración “Life” junto a Jamie XX.
- Invitadas de lujo: Lykke Li regresó para acompañarla en una versión acústica de “Be Mine!”, mientras que Zhala deslumbró con “With Every Heartbeat”.
- El clímax emocional: Robyn confesó estar enamorada de México tras tantos años de espera, conectando profundamente con su raza chilanga.
El cierre no podía ser otro más que “Dancing on My Own”, un himno de empoderamiento y pista de baile que coreamos a todo pulmón. Al verla girar y sonreír sola en el escenario, supimos que esta noche quedará grabada para siempre en la memoria colectiva de la CDMX. Esperamos de corazón no tener que esperar otros diez años para volver a verla.
Fuente: Sopitas Musica