El frente tecnológico: mucho más que solo comercio
En Tantita Tinta sabemos que, cuando las potencias mundiales se sientan a la mesa, el menú no siempre es lo que parece. Mientras el mundo entero tenía los ojos puestos en los memes de Elon Musk y Jensen Huang, en la delegación estadounidense que acompañó a Donald Trump a Pekín se cocinaba algo mucho más profundo: el futuro de la inteligencia artificial. La presencia de Michael Kratsios, director de la Oficina de Política Científica y Tecnológica de la Casa Blanca, dejó claro que esta cumbre no era solo sobre aranceles o energía; era sobre quién llevará la batuta tecnológica en las décadas por venir.
¿Quién es Michael Kratsios y por qué nos debe importar?
Si no te suena su nombre, no te preocupes, no eres el único. Sin embargo, Kratsios es la pieza clave en la estrategia de Washington para que Estados Unidos no pierda el paso ante China en terrenos como la IA, la computación cuántica y la biotecnología. Con un pasado académico en la Universidad de Tsinghua, Kratsios no es precisamente un entusiasta de la diplomacia suave. De hecho, ha calificado a China como el competidor más formidable en el ámbito científico.
Para nosotros en Tantita Tinta, lo más revelador ha sido su postura sobre la seguridad nacional: la IA ya no es solo software, es una tecnología de doble uso que se trata con la misma delicadeza que un misil o un chip de última generación. En el juego de poder actual, si dejas que el otro desarrolle sus modelos a la velocidad de la luz, te quedas fuera de la jugada.
Diálogo de sordos (pero con modales)
¿Qué obtuvimos de esta cumbre? Un mecanismo de diálogo. Ni tratados de paz, ni acuerdos comerciales explosivos, simplemente una promesa de sentarse a hablar sobre riesgos y estándares operativos. Washington se siente cómodo charlando porque sabe que, por ahora, tiene la ventaja técnica. El objetivo de Scott Bessent, secretario del Tesoro de EE. UU., es evitar que la tecnología caiga en manos de actores no estatales. En lenguaje sencillo: quieren ponerle puertas al campo para que la IA no se les escape de las manos.
China, por su parte, juega a la ambigüedad. Mientras Pekín habla de un desarrollo “abierto y beneficioso para todos”, en el fondo se niegan a aceptar cualquier jerarquía donde ellos sean los alumnos de Washington. La respuesta ha sido vaga, pero el mensaje de fondo es firme: China quiere gobernanza global, pero sin pedir permiso.
Nvidia y el drama de los chips
La presencia de Jensen Huang, CEO de Nvidia, en Pekín fue el toque de drama que la historia necesitaba. Con el mercado especulando sobre si China podrá acceder o no a los chips H200, la realidad es que el país asiático está en una encrucijada. Por un lado, dependen de la tecnología estadounidense para mantener su IA al día; por el otro, quieren demostrar que pueden fabricar sus propios chips. La propaganda china no pierde el tiempo: videos desde laboratorios de Huawei intentan convencer al mundo de que su autosuficiencia es inminente. ¿Será realidad o puro cuento? Eso está por verse.
Lo que sí es un hecho es que la carrera por la supremacía tecnológica apenas está calentando motores. En Tantita Tinta estaremos pendientes de cómo estas decisiones terminan afectando desde el valor de nuestras inversiones hasta la forma en que usamos la tecnología en el día a día.
Fuente: WIRED en Español