La crisis climática ya no es una lejana profecía para las y los mexicanos: es una realidad que toca la puerta de las infancias. Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), niñas, niños y adolescentes en México viven expuestos a un nivel elevado de riesgo climático, situando al país en el lugar 54 de 200 en el Índice de Riesgo Climático de la Infancia. Lejos de ser estadísticas abstractas, estos números significan que el calor extremo, las sequías intensas y los fenómenos meteorológicos cada vez más fuertes afectan directamente el desarrollo, la salud y la educación de las nuevas generaciones. En Tantita Tinta sabemos que el futuro del país se construye en la escuela, en la recámara y en la chamba familiar, y hoy queremos contarte por qué este tema debería importarnos a todos.
Un México en el lugar 54 de riesgo climático
El estudio La infancia y adolescencia frente al cambio climático en México, elaborado con la intención de fortalecer políticas públicas, revela que el país ocupa el puesto 54 entre 200 naciones evaluadas. El indicador mide la exposición de la población joven a amenazas climáticas y degradación ambiental, sumado a su vulnerabilidad. Como señala Unicef, las afectaciones se asocian directamente a la exposición en zonas determinadas y a las condiciones socioeconómicas de pobreza y carencias, que amplifican el riesgo. En otras palabras, no llueve a gusto de todos: las infancias más vulnerables son las que menos tienen, y eso es una injusticia ambiental que no podemos ignorar.
- Posición global: México 54/200 en el Índice de Riesgo Climático de la Infancia de Unicef.
- Asignación presupuestal: El gobierno destinará 160,120 millones de pesos para enfrentar la crisis climática en 2027, el monto más bajo de lo que va del sexenio de Claudia Sheinbaum.
- Temperatura nacional: En las últimas cinco décadas, la temperatura promedio nacional ha aumentado cerca de 0.85 °C.
- Escenarios futuros: Se prevé un aumento de 2 a 2.5 °C entre 2041 y 2060 bajo escenario de altas emisiones.
Del calor a la salud: consecuencias en números
Los más pequeños pagan un precio alto. Niñas y niños menores de cinco años son los más susceptibles, pues su organismo, sistema inmunitario y cerebro aún están en desarrollo. El calor extremo, la desnutrición y la deshidratación representan riesgos mayores en esta etapa. Además, la región suroeste del país concentra la tormenta perfecta: fenómenos meteorológicos recurrentes, altos niveles de pobreza y comunidades indígenas que enfrentan exclusión, lo que limita su capacidad para prevenir y recuperarse de los desastres.
Los datos son contundentes. El estudio precisó que, cuando la precipitación máxima acumulada en cinco días consecutivos aumenta en un 10 %, la mortalidad infantil sube 0.9 %, las defunciones por enfermedades diarreicas aumentan 1.9 % y las muertes entre menores de cinco años se elevan 0.8 %. De manera similar, un incremento del 10 % en episodios de olas de calor se asocia con un aumento del 1 % en la tasa de mortalidad infantil por enfermedades respiratorias.
Proyecciones a mediano plazo estiman que las lluvias intensas podrían crecer aproximadamente 0.26 milímetros por año hacia 2050, y que habría 0.0219 días cálidos adicionales anualmente. Bajo este escenario, Unicef calcula que, comparado con el periodo 2010-2020, la mortalidad infantil total podría incrementarse en 0.36 %, las defunciones por diarrea en 0.8 %, las muertes de menores de cinco años en 0.32 % y la morbilidad por enfermedades respiratorias en 0.56 %. En términos económicos, eso significaría un costo adicional de entre 411 millones de pesos (escenario de bajas emisiones) y hasta 888 millones de pesos (escenario de altas emisiones).
En la Ciudad de México, los días de onda de calor ya son motivo de consulta médica inmediata en pediatras, y las abuelas recomiendan mantener a los niños hidratados con aguas de sabor natural, lejos de las sodas. Los abuelos, guardianes de los saberes tradicionales, señalan que el cuerpo de los pequeños no tolera lo que antes era tolerable, y eso preocupa a las familias que ven cómo el clima cambia más rápido que sus rutinas de cuidados. En Tantita Tinta hemos conversado con madres y padres de familia que coinciden: cuando el calor aprieta, la preocupación por la salud de los más pequeños se vuelve prioritaria.
El impacto en la educación: cuando el clima juega en contra
El aula también es escenario de la crisis. Los mayores afectamientos relacionados con el cambio climático se concentran en los dos primeros años de primaria. Cuando se presentan fenómenos vinculados al clima, la matrícula de primer grado disminuye 2.6 % entre las niñas y 2.4 % entre los niños. En segundo grado, la inscripción femenina se reduce 1.5 %. Esto significa que miles de niñas y niños podrían verse obligados a abandonar o retrasar su educación debido a condiciones extremas, ya sea por inundaciones que dañan escuelas o por la necesidad de ayudar en casa ante pérdidas agrícolas.
Asimismo, algunos municipios han tenido que suspender actividades escolares por semanas consecutivas, lo que obliga a los gobiernos locales a diseñar planes de contingencia que, muchas veces, no incluyen materiales de refuerzo para niñas y niños con discapacidades o en situación de movilidad reducida. En Tantita Tinta hemos comprobado que la interrupción de clases no solo afecta el aprendizaje, sino la estabilidad emocional de las y los estudiantes.
Políticas actuales: ¿alcanzan?
Unicef reconoce que México cuenta con un marco jurídico e institucional: la Constitución reconoce el derecho a un medio ambiente sano y protege a la infancia, y la Ley General de Cambio Climático (publicada en 2012) sienta las bases para mitigación y adaptación. Sin embargo, el documento advierte que las políticas actuales no son suficientes. Para reducir los efectos sobre las infancias es necesario fortalecer la infraestructura y servicios esenciales, ampliar estrategias de protección social, incrementar la inversión pública en medidas de mitigación y adaptación, mejorar programas de investigación para detectar riesgos emergentes y atender las necesidades particulares según edad, condición socioeconómica y lugar de residencia.
La protección de la infancia y la adolescencia debe ocupar un lugar central en las estrategias de adaptación y mitigación climática en México. Entender cómo el cambio climático afecta a niñas, niños y adolescentes no es solo una cuestión de protección, es la condición para que puedan convertirse en protagonistas de las soluciones que nuestro país y el mundo necesitan. Las decisiones que tomemos hoy para proteger a estas nuevas generaciones determinarán en gran medida la capacidad de la humanidad para construir resiliencia, bienestar y prosperidad durante las próximas décadas.
Fuente: WIRED en Español