Un panorama político que enciende las alarmas
El tablero político de Sudamérica está dando un giro drástico que podría cambiar para siempre el destino del bosque tropical más grande del planeta. Para este 2027, seis de los nueve países que comparten la región amazónica podrían estar bajo el mando de administraciones de derecha y extrema derecha. Para nosotros en Tantita Tinta, analizamos cómo este fenómeno pone en jaque la conservación del bioma, abriendo la puerta de par en par al agronegocio intensivo y a la minería.
Con naciones como Perú, Colombia, Bolivia y Ecuador ya decantadas por líderes conservadores, todas las miradas apuntan a Brasil. La elección presidencial de este mes define el futuro de más del 60% de la Amazonía que se encuentra dentro de su territorio. La contienda entre el actual presidente Lula y el senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, mantiene a los expertos con el Jesús en la boca.
La sombra del pasado y el negacionismo climático
Si la derecha radical toma el poder total en Brasil, las consecuencias se sentirán de inmediato en la recámara de la política ambiental internacional. Márcio Astrini, secretario ejecutivo del Observatorio del Clima de Brasil, lo resume con claridad: “Cuando hay gobiernos que creen que la motosierra es correcta y que las leyes de conservación son incorrectas, la situación se vuelve casi imposible”.
El coqueteo con el libre mercado sin regulación ambiental ya muestra sus estragos en países vecinos:
- Bolivia: Con la llegada de Rodrigo Paz al poder, se eliminó el Ministerio de Medio Ambiente, reduciéndolo a un simple viceministerio subordinado para agilizar la entrada de capital extranjero a la minería.
- Ecuador: Bajo la batuta de Daniel Noboa, se han fusionado carteras clave y se impulsan proyectos de combustibles fósiles por más de 45 mil millones de dólares (aproximadamente 900 mil millones de pesos mexicanos).
- Perú y Colombia: Recientes administraciones apuestan ciegamente por la militarización para combatir economías ilegales, descuidando por completo la protección de los activistas y defensores de la tierra.
Cifras que duelen
Los estragos ya están aquí. Tan solo en 2024, los incendios forestales arrasaron con cerca de 2.8 millones de hectáreas en medio de sequías extremas, elevando la deforestación un 34%. Aunque en 2025 hubo un respiro con la recuperación parcial de los bosques, la llegada de esta nueva ola conservadora amenaza con borrar de un plumazo los avances logrados.
La digitalización y la inteligencia artificial dominan las promesas de campaña de los candidatos en toda la región, pero la gran ausente sigue siendo una estrategia real para frenar la crisis climática. Mientras tanto, los activistas y pueblos indígenas continúan pagando el precio más alto en una región donde alzar la voz por la tierra sigue siendo una sentencia de muerte.
Fuente: WIRED en Español