¡Hasta siempre, campeona! Se nos va Fortunata, la jirafa más longeva de Chapultepec

Un adiós que nos arruga el corazón en la CDMX

El Bosque de Chapultepec está de luto. Para nosotros en Tantita Tinta, dar esta clase de noticias siempre nos parte el alma, pero es momento de hacerle un homenaje como se debe a una verdadera eminencia de la fauna chilanga. La Secretaría del Medio Ambiente (SEDEMA) confirmó la triste partida de Fortunata, la jirafa que se robó los corazones de chicos y grandes durante más de tres décadas.

A sus 36 años y 5 meses de edad, Fortunata no solo ostentaba el título de la más viejita del zoológico capitalino, sino que se posicionó como uno de los ejemplares más longevos de su especie a nivel mundial. Imagínate lo que es vivir esa cantidad de años: superó por mucho la expectativa de vida promedio de una jirafa bajo cuidado humano, que suele rondar entre los 20 y 25 años. ¡Una auténtica guerrera de la naturaleza!

Un legado gigante para la conservación

Pero la historia de Fortunata va mucho más allá de su entrañable carisma y de asomar la cabeza por encima de los árboles para saludar a los visitantes. En el equipo de Tantita Tinta analizamos el impacto de su partida y encontramos que su contribución al mundo animal fue monumental.

Durante su larga estancia en el recinto, Fortunata se lució como mamá de al menos 10 crías y se convirtió en abuela de varias generaciones. Esto representa un pilar importantísimo para la conservación de su especie, ayudando a mantener poblaciones saludables bajo cuidado profesional en nuestro país.

¿Cuál fue el secreto de su longevidad?

Llegar a los 36 años no es casualidad ni obra de la suerte. La SEDEMA destacó que este récord de vida es el reflejo directo del esfuerzo coordinado de los equipos de médicos veterinarios, especialistas en nutrición y personal zootécnico. Durante más de 30 años, cuidaron cada detalle de su dieta, salud y bienestar diario.

Para ponerlo en perspectiva, mantener a un animal de estas dimensiones —que fácilmente puede superar los cinco metros de altura y pesar más de 800 kilos— requiere de una logística impresionante, revisiones médicas constantes y un amor desmedido por parte de sus cuidadores.

El eterno agradecimiento de una ciudad

Generaciones de chilangos crecieron visitando a Fortunata en el Zoológico de Chapultepec. Era una parada obligada los fines de semana cuando ibas a pasear con la familia o con la pareja por las lanchitas y el lago. Su presencia formaba parte del paisaje urbano y afectivo de la Ciudad de México.

Hoy le decimos adiós a una leyenda viviente que nos enseñó sobre paciencia, resiliencia y la importancia de cuidar la vida silvestre. Gracias, Fortunata, por regalarnos tantos domingos inolvidables y por dejar una huella imborrable en el corazón de México.

Fuente: Sopitas Musica


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