El Vaticano da el salto a la temporada de premios más famosa del mundo
Prepárense para una de las sorpresas más inesperadas del mundo cinematográfico. En el equipo de Tantita Tinta nos quedamos con el ojo cuadrado cuando nos enteramos de que la Ciudad del Vaticano, ese diminuto Estado soberano que todos ubicamos por la imponente Basílica de San Pedro, decidió meterse de lleno a la contienda por los codiciados Premios de la Academia. Así es, en los 97 años de historia de los Óscar, jamás una producción respaldada por el corazón de la Iglesia católica había cruzado la alfombra roja para buscar una estatuilla dorada.
Pero antes de que imaginemos al mismísimo Papa desfilando por la alfombra roja rumbo al Dolby Theatre, hay que aclarar cómo está el asunto. No se trata de una superproducción hollywoodense ni de una cinta que compita en la categoría reina de Mejor Película Internacional. El truco, y la verdadera nota interesante, radica en que están apostando fuerte por el formato documental.
¿Cómo está eso de que el Vaticano es un país tan mini?
Para entender la magnitud de este hecho histórico, vale la pena poner las cosas en perspectiva geográfica. La Ciudad del Vaticano es, oficialmente, el país más pequeño del planeta tanto en extensión territorial como en población. Para que se den una idea muy gráfica de su tamaño, hicimos cuentas en Tantita Tinta y resulta que casi 1 de cada 20 metros cuadrados de todo su territorio corresponde únicamente a la superficie de la Basílica de San Pedro, ¡y eso sin contar la Plaza!
Este peculiar Estado teocrático y monarquía absoluta nació formalmente en 1929 gracias a la firma de los Pactos de Letrán con Italia, poniendo fin a décadas de pleitos territoriales tras la unificación italiana. Desde entonces, su voz se ha escuchado en todo el mundo, pero pocas veces —por no decir nunca— en los créditos iniciales de una obra cinematográfica con aspiraciones a la temporada de premios.
Conozcan “Green Lava”, la apuesta papal para la Academia
El proyecto con el que la Santa Sede busca hacer historia se titula Green Lava, un cortometraje producido en colaboración directa con Vatican News. Debido a su formato y duración, la categoría exacta en la que buscará colarse es la de Mejor Cortometraje Documental.
La dirección corre a cargo de Lia Beltrami y Ali Aksu. La historia sigue de cerca la vida de Giacomo Mattivi, un joven que padece distrofia muscular de Duchenne, una condición de carácter hereditario y degenerativo que provoca debilidad muscular severa, fatiga y complicaciones motrices. Es un relato profundamente humano que busca conmover a los votantes de la Academia.
El camino hacia la gloria: Los pasos obligados
Eso sí, mandar la película a consideración no significa que el boleto a la ceremonia esté garantizado. Para cumplir con los estrictos requisitos de elegibilidad de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, el cortometraje tuvo que programar proyecciones en cines selectos de Los Ángeles, California.
Una vez cumplido este requisito indispensable, el filme entra a una lista de aspirantes de donde saldrán los famosos shortlists. Solo después de ese primer filtro sabremos si la propuesta del Vaticano sobrevive para pelear por las preciadas nominaciones oficiales. En Tantita Tinta seguiremos de cerca este inusual drama de la vida real para ver si la diplomacia cinematográfica del Vaticano logra convencer a los jueces de Hollywood.
Fuente: Sopitas Cine y TV