Glorieta de Insurgentes: Entre la gloria, el olvido y el caos chilango

Un ícono con muchas caras

Si vives en la Ciudad de México, es casi imposible que no hayas pasado, aunque sea corriendo, por la Glorieta de Insurgentes. Para muchos, es solo un punto de transbordo entre el Metro y el Metrobús, un lugar donde hay que cuidar el celular y caminar rápido. Pero en Tantita Tinta creemos que este espacio, con su estructura circular de 110 metros de diámetro, cuenta la historia de una ciudad que siempre está cambiando, peleando entre la modernidad y el descuido.

Un pasado de postal y arquitectura de vanguardia

Antes de que la zona se convirtiera en este nodo de concreto, el cruce de Insurgentes y Chapultepec era otra onda: casas porfirianas, árboles y la tranquilidad de los tranvías. Todo eso se fue cuando la ciudad se preparaba para los Juegos Olímpicos de 1968. Fue entonces cuando el arquitecto Salvador Ortega Flores, con la influencia del gran Mario Pani, dio vida a esta obra inaugurada en septiembre de 1969. Fue un proyecto ambicioso: buscaban conectar la Zona Rosa con las colonias Roma y Juárez bajo un concepto de diseño urbano funcionalista que era la novedad absoluta en aquel entonces.

Dato curioso: ¿Sabías que este escenario futurista llamó la atención hasta de Hollywood? Fue una de las locaciones elegidas para la película El Vengador del Futuro (1990) con Arnold Schwarzenegger. Sí, ese rincón por el que pasas para ir a la chamba pudo ser parte de una cinta de ciencia ficción.

De punto de reunión a “foco rojo”

Durante los 70 y 80, la glorieta fue el lugar donde tenías que estar. Entre el Cine Insurgentes y una infinidad de bares, cafés y discotecas, era el punto de encuentro por excelencia de la juventud capitalina. Sin embargo, con la llegada del nuevo milenio, el mantenimiento brilló por su ausencia. El sitio empezó a sufrir el desgaste natural, el comercio informal se adueñó de los pasillos y la seguridad se volvió un tema delicado.

Para nosotros en Tantita Tinta, la Glorieta es un espejo social. Ha sido refugio de punks, emos —recordemos aquel épico enfrentamiento de 2008—, skatos, comunidades LGBT y colectivos de K-Pop. Es, en esencia, un territorio donde conviven todas las tribus urbanas que le dan color (y a veces, bastante drama) a la capital.

¿Qué está pasando hoy?

Tras las remodelaciones de 2017 y 2024, el panorama es mixto. Aunque el vandalismo y el comercio ambulante siguen siendo un reto, hoy la glorieta intenta renacer con servicios como:

  • Un biciestacionamiento masivo para quienes se mueven en dos ruedas.
  • Un Laboratorio de Derechos Humanos.
  • Módulos PILARES con actividades culturales gratuitas.
  • Vigilancia constante de la Policía Turística.

La moraleja es clara: la Glorieta de Insurgentes es un organismo vivo. No es perfecta, a veces es caótica y requiere que te muevas con precaución, especialmente si vas cargando equipo caro o andas solo muy tarde. Nuestra recomendación editorial: visítala de día, disfruta de su arquitectura modernista y observa a la gente pasar. Es un pedazo de historia chilanga que, aunque a veces la queramos ignorar, sigue siendo el corazón palpitante de nuestra movilidad.

Fuente: Sopitas Cosas

Deja un comentario