El fin de una era en las matemáticas
En Tantita Tinta sabemos que el avance tecnológico suele traer consigo más preguntas que respuestas, pero lo que está pasando en el mundo de las matemáticas puras nos ha dejado helados. Steven Strogatz, matemático y profesor en la Universidad de Cornell, no ha tenido reparos en admitir que los recientes hitos de la inteligencia artificial lo tienen, literalmente, aterrado.
La razón es sencilla: la IA no solo está ayudando a resolver problemas, está conquistando terrenos que antes considerábamos exclusivos de la genialidad humana. Y no hablamos de problemas sencillos; estamos hablando de teoremas que han permanecido en el olvido durante casi un siglo.
¿Marketing o revolución científica?
La semana pasada, OpenAI sacudió el avispero al anunciar la resolución de un problema matemático de 90 años de antigüedad. El premio en juego era de 1 millón de dólares (aproximadamente 20 millones de pesos mexicanos). Sin embargo, el anuncio fue todo menos pacífico. Surgieron acusaciones de que la empresa se adelantó a investigadores independientes para colgarse la medalla. Para Strogatz, esto no es solo ciencia; es una carrera de marketing corporativo por ver quién presume primero antes de salir a la bolsa.
La cruda realidad del experto
El colega de Strogatz, Alex Townsend, lo resume con una honestidad que duele. Tras 15 años de carrera, se siente desplazado: “Siento que mi destreza máxima ya no está ahí. Hay algo capaz de superarme”. Es una crisis de identidad profesional en tiempo real. Antes, ser un matemático de talla mundial era escalar la montaña más alta; hoy, la IA ya está en la cima antes de que tú siquiera te ates las agujetas.
- La democratización vs. la pérdida de sentido: ¿Es bueno que todos puedan hacer matemáticas? Sí. Pero, ¿quién tendrá ganas de dedicar su vida a algo que una máquina puede resolver en segundos?
- El papel humano: Quizá nos convirtamos en los “grandes intérpretes”. Nuestra chamba será explicarle al resto de los mortales qué fue lo que la máquina descubrió.
- El factor costo: Seamos realistas, si una IA hace el trabajo pesado, ¿por qué habría alguien de pagarle a un humano por hacer lo mismo? La pregunta sobre la viabilidad económica de la profesión está sobre la mesa.
¿El presagio de lo que nos espera?
Strogatz compara este momento con una película de terror donde el monstruo, aunque no entendemos bien cómo funciona, se acerca a pasos agigantados. Para nosotros en Tantita Tinta, este dilema no es menor. Las matemáticas son la base de nuestra comprensión del mundo; si perdemos la capacidad humana de entenderlas, ¿qué queda de nosotros?
Por ahora, seguiremos siendo los árbitros del “buen gusto” matemático, pero por cuánto tiempo, nadie lo sabe. Lo que sí es seguro es que el 2026 pasará a la historia, para bien o para mal, como el año en que la inteligencia artificial se graduó con honores en nuestra propia casa.
Fuente: WIRED en Español